Pisitófilos Creditófagos, Mayo 2007

19 mayo 17:35, ppcc dijo:
Para que ustedes se hagan una idea del tamaño de nuestra burbuja crediticia, analizado en términos de déficit por cuenta corriente -deuda externa-, en números redondos:

1) somos el segundo país del mundo que más debe; con el 8% del total; el primero es Estados Unidos, que debe el 65%, pero, ¡ojo!, son los dueños del dólar, moneda de reserva mundial; el tercero es Reino Unido, que, no obstante, debe la mitad que nosotros, teniendo mucha más población y siendo los dueños de la libra esterlina.

2) El 75% de lo que se "debe" en todo el mundo (posiciones deudoras en balanzas por cuenta corriente), lo deben Estados Unidos, Reino Unido, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda, países todos cortados por el mismo patrón en relación con lo que estamos analizando;

3) de lo restante, nosotros debemos, ¡atención!, casi el 30%, que es el triple que Francia y cinco veces lo de Italia, cuyas poblaciones (y sistemas económicos) son muy superiores.
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domingo, 2 de enero de 2011

Recopilatorio artículos de IR-PPCC-Let's Get Real año 2010. INMOCAPITULACIÓN




Recopilatorio de IR-PPCC-Let's Get Real año 2010




INMOCAPITULACIÓN 31-12-2010.-

Hoy es 31-12-2010. Un gran día.

Los eventos económicos de 2010 y los que se anuncian para 2011 se conjugan con la escatología de los sermones y arengas. Se nos ahoga sin descanso para que cedamos buena parte de nuestros derechos adquiridos. En términos de expectativas, estamos en el dies ad quem del pinchazo de la burbuja inmobiliaria que ha devastado España, económica y psicosocialmente, durante dos décadas y media. A todo ***** le llega su San Martín.

Ya todos sabemos qué hay que hacer con los costes inmobiliarios. Otra cosa es que no haya valentía o diligencia para reconocerlo y cumplirlo con prontitud, o que haya demasiado cúmulo de tareas por atender.

Por pereza y otras razones, convertimos lo inmobiliario y su "efecto riqueza" en el motor de nuestra economía. Por eso, hoy también es el dies a quo de la larga transición económica que habrá de llevarnos a una nueva estructura, modelo o patrón de crecimiento orientado a la exportación y a la inversión en bienes de equipo, e integrado plenamente en Europa.

Todo comenzó a mediados de los 1980s, cuando cerramos el proceso de reconversión industrial, es decir, la transición estructural a que nos abocó el estrangulamiento financiero en que concluyó el régimen tecnocrático desarrollista. El Desarrollismo significó el despegue generalizado de nuestra economía, financiado con ingresos por turismo, remesas de emigrantes e inversiones extranjeras directas. Venía de finales de los 1950s, cuando tuvo lugar el colapso de la quimera autárquica de posguerra. La Autarquía, a su vez, era el último giro de tuerca en el proceso de ensimismamiento económico inducido por el fracaso de la industrialización en el siglo XIX, el correlativo triunfo del proteccionismo frente al librecambismo, y la pérdida de posesiones coloniales.

España venía de ser un imperio creador forjado durante siglos contra el Islam y el protestantismo en los tres procesos históricos que la definen: Reconquista, Colonización de América y Contrarreforma.

España no es una nación jurídico-política corriente, por mucho que, en esta etapa histórica que hoy cerramos, el resentimiento provinciano étnico-cultural y fascistoide haya proclamado lo contrario, henchido de orgullo roñoso de pequeños bienes raíces.

A la hidalguía decadente de nuevos pobres históricos se ha superpuesto la arrogancia de nuevos ricos del capitalismo popular, por designio de los intereses electorales de la socialdemocracia y el social-liberalismo, que han querido llevar al Estado del Bienestar más allá de sus límites razonables.

Hemos acabado endeudados de por vida y con dificultades para hacer ver al mundo que sí tenemos un horizonte de actividad económica del que extraer los recursos con que honrar la deuda.

Además, hemos enloquecido. Y, reforzando la distorsión socioeconómica que se vivía, ha prosperado una pretenciosa religión laica, curia y santoral incluidos, con la que hemos aspirado a dar clases de ciudadanía al mundo.

"Mi pisito un capital, mi terruñito una nación, mis ideítas una religión".

Las doce campanadas de hoy devuelven la carroza de Cenicienta a la calabaza que siempre fue, los caballos retornan a ratones, y los lacayos, lagartos.

Hasta ahora, solo hemos sufrido lo malo de la crisis. Vienen los días de la verdadera esperanza.

Tomen sus doce uvas. Brinden proclamando que El Pisito ha muerto. Gocen del instante.

Gracias por leerme.

Publicado por: pisitófilos creditófagos, ppcc, Let's Get Real | 31/12/10 en 13:08
http://blogs.cincodias.com/el_economista_observador

31-12-2010 00:00

¿Mas ir-?(Reloaded III)

Publicado por: Feliz dies ad quem. El Pisito ha muerto | 01/01/11 en 13:48


Feliz dies a quo. Transición Estructural 2025

miércoles, 19 de mayo de 2010

Desde Argentina - Los problemas reales de España

Por: Emilio Ocampo
Economista

El contagio tan temido de la crisis griega ha llegado a la península ibérica. España y Portugal ahora están en el centro de la tormenta. Y de alguna manera su destino no sólo está unido por la geografía. El principal acreedor de Portugal es España.

Aunque su déficit fiscal y su nivel de endeudamiento son mucho menores que los de Grecia, las economías ibéricas comparten con la griega un problema serio: la falta de competitividad. Es decir, su estructura de costos es muy cara. Y en este aspecto, también se parecen a la Argentina en los últimos estertores de la convertibilidad circa 2000-2001. Hay cuatro maneras de resolver la falta de competitividad: una deflación autoimpuesta (que en el caso de España se estima debería ser del orden del 20% o del 30%), la implementación de reformas estructurales para aumentar la productividad del sector privado, la depreciación del euro y la salida de esa moneda. La primera, obviamente va a profundizar la recesión en la que se encuentra la economía española, lo cual a su vez va a agravar el problema del déficit fiscal y de endeudamiento público (que en el caso de España hasta ahora era relativamente manejable, ya que en 2009 ascendió al 55% del PBI).

Recordemos que la economía española no crece, que la tasa de desempleo es del 20% (40% entre la gente joven) y que por primera vez desde que se incorporó al euro ha experimentado una leve deflación. La segunda toma tiempo (a Alemania le tomó casi una década), y tiempo es lo que falta. La tercera está ocurriendo y puede seguir acelerándose. La posibilidad de que el euro llegue a una paridad de 1 a 1 con el dólar a fin de año ya no parece tan disparatada. Pero el principal beneficiario de esta depreciación será Alemania y la relación de costos entre la economía alemana y la española se mantendrá igual. Además la depreciación del euro va a ser el reflejo de la severidad de la crisis europea. La cuarta alternativa, una salida del euro, es la que nadie quiere considerar. La sociedad española va a tener que sufrir mucho más los efectos del ajuste para abandonar un club que le trajo tantos beneficios.

España tiene otro problema muy grave que es el nivel de endeudamiento del sector privado. Y aquí, aunque la raíz del problema es distinta a la de Grecia, el resultado final puede ser parecido. ¿Por qué? Desde su entrada al euro, la economía española experimentó un boom en el sector de la construcción. Este boom se extendió más allá del sector inmobiliario residencial y comercial e incluyó todo tipo de proyectos de infraestructura, tales como autopistas, puentes y ferrocarriles de alta velocidad (AVE). Tal es así que en un momento dado, el 45% de toda la nueva construcción que se realizaba en la Unión Europea tenía lugar en España, cuando su economía sólo representaba el 15% de la economía del continente. La crisis de 2008 puso fin a este boom de manera abrupta. Como el sector de la construcción representaba el 20% de la economía española y era el motor de su crecimiento, la recesión era inevitable. Y como la construcción es intensiva en mano de obra, el desempleo también era inevitable. En estas circunstancias y dada la magnitud de sus otros problemas, es difícil ver cómo España pueda retomar la senda del crecimiento en el corto o el mediano plazo.

Pero esto no es todo. El gran problema es que este boom de la construcción se financió con deuda. Esta deuda asciende según algunas estimaciones a 445.000 millones de euros o casi el 45% del PBI español. Y una gran parte de esta deuda está garantizada por activos inmobiliarios cuyo valor se ha desplomado. Además está denominada en euros y se ajusta a tasa variable. Según algunas estimaciones, no menos del 28% de las viviendas construidas entre 2001 y 2007 están desocupadas y hay casi un millón de nuevas propiedades sin vender. Esto significa que muchas instituciones financieras pronto se encontrarán «contra las sogas» y deberán ser recapitalizadas.

El problema no lo tienen los grandes bancos como Santander y BBVA, cuyas carteras están diversificadas internacionalmente, sino las famosas Cajas, que son instituciones financieras regionales y cuasi públicas. Casi la mitad de sus activos totales, que ascienden a la friolera de 1,8 billón de euros, son préstamos al sector inmobiliario o a desarrolladores. ¿Cuán grande es el agujero de las Cajas? Las estimaciones varían. Según el FMI sería de «sólo» 17.000 millones pero el banco de inversión Morgan Stanley lo estima en casi tres veces esa cifra. Pero estas estimaciones pueden resultar demasiado optimistas ya que asumen pérdidas bastante conservadoras en las carteras de las 44 Cajas actualmente en operaciones. La solución que plantea el Gobierno de Rodríguez Zapatero es la consolidación del sector y para facilitarla creó un fondo especial con un capital inicial de 9.000 millones de euros. Pero hasta ahora los resultados de esta iniciativa han sido magros.

La situación actual en España muestra ciertos paralelos con la crisis de las «Savings & Loans» en Estados Unidos en la década de los 80 que no sólo empujó a la economía norteamericana a una recesión sino que también contribuyó a un aumento del déficit fiscal. En España la inevitable recapitalización de las Cajas en problemas se hará con fondos públicos, lo cual agravará el problema del déficit fiscal y del endeudamiento público insostenibles.

martes, 13 de abril de 2010

Michael Hudson - Las guerras de deuda que se avecinan en Europa

Las guerras de deuda que se avecinan en Europa

11/04/10

La deuda pública en Grecia no es sino la primera de una serie de bombas de deuda dispuestas para estallar. Las deudas hipotecarias en las economías postsoviéticas y en Islandia son más explosivas. Aun cuando esos países no están en la eurozona, el grueso de sus deudas está denominado en euros. Alrededor del 87% de las deudas de Letonia lo son en euros y otras monedas extranjeras, y están sobre todo en manos de bancos suecos, mientras que Hungría y Rumanía tienen deudas en euros sobre todo con bancos austriacos. De modo que el endeudamiento de los gobiernos de los países no miembros del euro ha sido contraído a fin de sostener unas tasas de cambio que permitieran al sector privado pagar sus deudas con los bancos extranjeros, no a fin de financiar un déficit presupuestario nacional, como en Grecia.

Todas esas deudas son altas al punto de lo indevolvible, porque el grueso de estos países están en trance de incurrir en déficits comerciales cada vez más profundos y se hallan abismados en una depresión. Ahora que los precios de los bienes raíces se están desplomando, los déficits comerciales ya no pueden seguir financiándose por el flujo entrante de préstamo hipotecario en moneda extranjera y de venta de propiedades. No hay medio visible de apoyo para la estabilización de las monedas (exempli gratia: unas economías sanas). En los pasados años, esas economías han sostenido sus tasas de cambio mediante préstamos de la Unión Europea y del FMI. Los términos de esos préstamos son políticamente insostenibles: recortes drásticos del presupuesto público, tasas fiscales más altas sobre unos salarios ya sobreexigidos fiscalmente y planes de austeridad que redundan en el encogimiento de la economía y la expulsión de más fuerza de trabajo hacia la emigración.

Los banqueros en Suecia y Austria, Alemania y Gran Bretaña están en vías de descubrir que extender el crédito a naciones que no pueden (o no quieren) pagar puede convertirse en su problema, no en el de sus deudores. Nadie quiere aceptar el hecho de que las deudas que no pueden ser satisfechas no querrán ser satisfechas. Alguien debe cargar con el coste, a medida que las deudas entran en mora o resultan depreciadas al tener que devolverse en monedas drásticamente devaluadas; pero muchos expertos jurídicos consideran poco menos que letra muerta los acuerdos que exigen la devolución en euros. Toda nación soberana tiene el derecho de legislar por sí propia las condiciones de su deuda, y los reajustes monetarios y las depreciaciones de deuda no serán moco de pavo.

No tiene caso devaluar, salvo “en exceso”, es decir, lo suficientemente como para alterar realmente las pautas comerciales y productivas. Por eso Franklin Roosevelt devaluó el dólar un 75% respecto del oro en 1933, elevando el precio de éste de 20 a 35 dólares la onza. Para evitar una elevación proporcional de la carga de la deuda estadounidense, lo que hizo fue anular la “cláusula del oro”, que indexaba al precio del oro el pago de los préstamos bancarios. Y es aquí donde se dará ahora la batalla política: en el pago de la deuda en monedas devaluadas.

Otro producto lateral de la Gran Depresión en los EEUU y en Canadá fue liberar de responsabilidad personal a los deudores hipotecarios, posibilitando su salida de la quiebra. Los bancos que ejecutan hipotecas pueden hacerse con la propiedad inmobiliaria puesta como colateral de la deuda, pero no tienen mayores derechos sobre las hipotecas. La práctica –fundada en el derecho común anglosajón— muestra cómo la América del Norte se liberó a sí propia del legado de tipo feudal, característico de las viejas y durísimas leyes europeas, que daban todo el poder a los acreedores y encarcelaban a los deudores.

La cuestión es: ¿quién cargará con las pérdidas? Mantener las deudas denominadas en euros causaría la quiebra de muchas empresas locales y del sector inmobiliario. Al revés, redenominar esas deudas en moneda local devaluada significaría la evaporación del capital de muchos bancos que operan con euros. Pero esos bancos son extranjeros, después de todo. Y al final, los gobiernos tienen que representar a su propio electorado nacional. Los bancos extranjeros no votan.

Los tenedores extranjeros de dólares perdieron una 29ava o una 30ava parte del valor en oro de sus reservas desde que los EEUU dejaron en 1971 de fijar al oro sus déficits de la balanza de pagos. Ahora reciben menos de una trigésima parte de eso, puesto que el precio ha llegado a alcanzar los 1.100 dólares la onza. Si el mundo puede aceptar eso, ¿por qué no habría de aceptar la venidera depreciación de la deuda europea, que viene al galope?

Hay un consenso creciente en que las economías postsoviéticas se estructuraron desde el comienzo en beneficio de intereses extranjeros, no de las economías locales. Por ejemplo, el trabajo letón soporta una carga fiscal superior al 50% (trabajador, empresario y tasas sociales), lo bastante alta como para hacerlo no competitivo, mientras que los impuestos a la propiedad tienen tipos menores al 1%, lo que genera un incentivo para la especulación rampante. Esa distorsionada filosofía fiscal convirtió a los “Tigres Bálticos” y a la Europa Central en privilegiados mercados de empréstitos para los bancos suecos y austriacos, pero sus trabajadores no pudieron hallar trabajo bien pagado en casa. Nada de eso –tampoco esas terribles leyes que desprotegen el puesto de trabajo— puede hallarse en Europa Occidental, ni en las economías de asiáticas o de América del Norte.

Parece irrazonable e irrealista esperar que grandes franjas de la población de la Nueva Europa puedan doblegarse a exacciones salariales de por vida, reduciéndolas a una perpetua servidumbre por deudas. Las futuras relaciones entre la Vieja y la Nueva Europa dependerán de la disposición de la eurozona a rediseñar las economías postsoviéticas conforme a líneas más solventes: con un crédito más productivo y un sistema fiscal menos sesgado a favor de los rentistas y que promueva el empleo, antes que la inflación de activos, que empuja a la gente a emigrar. Además de reajustes monetarios para afrontar una deuda inabordable, la línea de solución adecuada para esos países pasa por un desplazamiento de la carga fiscal, del trabajo a los bienes raíces, que los asemeje más a Europa Occidental. No hay alternativa. De otro modo, el inveterado conflicto de intereses entre acreedores y deudores amenaza con escindir a Europa en dos campos políticamente hostiles, con Islandia ensayando algo nuevo.

Hasta tanto no se resuelva el problema de la deuda –y la única forma de hacerlo es negociar una depreciación de la misma—, la expansión europea (la absorción de la Nueva Europa por la Vieja) parece encallada. Pero la transición a esta futura solución no será fácil. Los intereses financieros dominan todavía en la Unión Europea, y se resistirán a lo inevitable. Gordon Brown ya ha mostrado su verdadera faz con sus amenazas a Islandia de usar, ilegal e impropiamente, al FMI como un agente recaudatorio de las deudas que Islandia no ha contraído legalmente y de bloquear la entrada de Islandia en la Unión Europea.

Haciendo frente a los alardes intimidatorios del señor Brown –y al de los holandeses, peritos falderos de los británicos—, el 97% de los votantes islandeses se opuso a la solución de la deuda que Gran Bretaña y Holanda querían hacerles imponerles a través de las tragaderas de los miembros del Althing [el parlamento islandés; T.]. Un sufragio tan elevado no se había visto en el mundo desde las viejas épocas del estalinismo. Y es sólo un anticipo. La decisión que está ultimando Europa hará verosímilmente salir a millones a la calle. Las alianzas económicas y políticas se harán tornadizas, las monedas se desplomarán y caerán gobiernos. La Unión Europea y aun el entero sistema financiero internacional cambiarán de maneras que aún no se pueden prever. Eso ocurrirá, especialmente, si las naciones adoptan un modelo de estilo argentino y se niegan a pagar hasta que no se hagan descuentos drásticos.

Para naciones que esperan mantener una módica sociedad civil, pagar en euros es imposible, pues los bienes raíces y los ingresos y personales se precipitan en la deuda técnica al exceder las deudas el valor corriente de los flujos de ingresos disponibles para pagar hipotecas o deudas personales. Los “planes de austeridad” al estilo del FMI y de la Unión Europea no pasan de ser una jerga antiséptica, tecnocrática, para designar el impacto mortal de la destrucción del ingreso, los servicios sociales, el gasto en salud y hospitales, la educación y otras necesidades básicas, así como el de la puesta en almoneda de la infraestructura pública, que convertirá las naciones en “economías saturadas de puestos de peaje” en los que todo el mundo tendrá que pagar precios de acceso a las carreteras, la educación, la asistencia médica y otras necesidades de la vida y de los negocios que desde hace mucho son subsidiadas por una fiscalidad progresiva en América del Norte y en Europa Occidental.

Las líneas de batalla se han fijado en torno al modo en que han de ser honradas las deudas privadas y públicas. Para las naciones reluctantes a honrarlas en euros, las naciones acreedoras les preparan una buena exhibición de músculos a través de las agencias de calificación del crédito. A la primera señal de que una nación se niega a pagar en moneda fuerte, o aun incluso al primer amago de cuestionar como impropia una deuda externa, las agencias entrarán a reducir la calificación del crédito de una nación. Eso incrementará el coste del empréstito, amenazando con paralizar la economía por la vía de asfixiar su crédito.

El tiro más reciente fue el disparado el pasado 6 de abril, cuando Moody’s degradó la deuda islandesa de estable a negativa. “Moody’s reconoció que Islandia todavía podría conseguir un mejor acuerdo en otras negociaciones venideras, pero dijo que la actual incertidumbre dañaba las perspectivas económicas y financieras a corto plazo del país”.

La lucha ha comenzado. Será una década harto interesante.

Michael Hudson trabajó como economista en Wall Street y actualmente es Distinguished Professor en la University of Misoury, Kansas City, y presidente del Institute for the Study of Long-Term Economic Trends (ISLET). Es autor de varios libros, entre los que destacan: Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire (nueva ed., Pluto Press, 2003) y Trade, Development and Foreign Debt: How Trade and Development Concentrate Economic Power in the Hands of Dominant Nations (ISLET, 2009). Actualmente es Economista en jefe del consejo de asesores de la Reform Task Force en Letonia.

Traducción para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench


http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3244

jueves, 18 de febrero de 2010

Alexander Schubert - Crisis económica y justicia social

20 de Enero de 2010


Crisis económica y justicia social

La crisis económica mundial tiene como una de sus peores víctimas la justicia social. Sin embargo, esta ha sido enterrada sin que sus deudos siquiera exigiesen un velatorio decente. Demasiada ilusión existe todavía de que las políticas anticrisis en curso han sido y seguirán siendo exitosas. Incluso, entre quienes piden cambios, las alternativas son nulas. En el apuro de darla por superada, los efectos sociales de la crisis económica mundial en curso no han comenzado siquiera a ser evaluados.
Sabemos que los índices de pobreza han aumentado tanto, que las famosas metas del milenio de las Naciones Unidas se han tornado inalcanzables. La destrucción del potencial productivo mundial ya ha sido cuantiosa, y es completamente ilusorio pensar en que eventualmente superada la crisis las tasas de crecimiento puedan volver rápidamente a niveles satisfactorios.

Las inversiones reales han caído, tal como lo han hecho los ingresos de los asalariados. Han aumentado los desocupados y subocupados. No existen ni remotamente perspectivas para establecer en el mediano plazo niveles ocupacionales adecuados. El equivalente de trillones de dólares en ahorros personales o familiares simplemente ha desaparecido. Los servicios asistenciales de los estados están en peligro de ser reducidos sustancialmente a causa de los graves y crecientes déficits fiscales.

Bajo estas circunstancias parecieran haber temas más apremiantes que la justicia social. ¿Cómo imaginar siquiera una remota posibilidad de justicia social con millones de desempleados, ingresos decrecientes, mercados externos estrangulados, sistemas de seguridad social quebrados, y estados sin capacidad de otorgar subsidios? El tema es el “manejo” de esta situación, no la justicia social, y muchos menos otros temas como la ecología.

Eso a pesar de que el manejo hasta ahora ha sido deplorable. La respuesta de los estados a crisis del sistema financiero fue y sigue siendo la expansión monetaria. Ello ocurrió dando crédito a las empresas financieras “demasiado grandes para quebrar”, lo que según el Presidente de la Comisión Investigadora de la Crisis Financiera del Congreso de los EE.UU., estuvo marcado por “avaricia, estupidez, arrogancia y corrupción abierta”. Y lo sigue estando.

Los recursos repartidos a discreción por un grupo de confabulados en los Ministerios de Hacienda y Bancos Centrales y centro financieros privados, han sido utilizados sin control político alguno para maquillar los balances de los bancos. Las “ganancias” así generadas han quedado disponibles para ser repartidas entre sus directivos. Fue posible retomar así el ciclo especulativo, a pesar del descenso de la actividad económica y una deflación de precios de los bienes de consumo. El alza de las cotizaciones bursátiles ha permitido recuperar si no todas, por lo menos una buena parte de las pérdidas anteriores. Muchas empresas financieras, especialmente los fondos, se salvaron así de la quiebra o de su cierre.

Pero en términos reales, las pérdidas sociales de la crisis son enormes. (
En diversos excelentes estudios el CENDA ha mostrado cómo a pesar de la “recuperación” de los fondos de pensiones chilenos gracias a la ola especulativa, estos han perdido casi todas las ganancias acumuladas desde su creación hasta ahora).

Con cierto retraso se identificó que había que compensar el bajón de la demanda, y comenzaron también los más diversos programas de subsidios, desde los habitacionales hasta los del consumo de bienes duraderos. En menor medida hubo programas de reactivación de la demanda mediante el aumento del gasto público directo. Donde las había, se utilizaron reservas acumuladas, donde no, simplemente se expandió la masa monetaria, contrariando toda la teoría económica neoliberal anterior (y violando cualquier “independencia” de los Bancos Centrales).

Ninguna de estas medidas ha significado reactivación efectiva, pero ellas sí han impedido que la espiral de contracción de la actividad económica continuara desarrollándose desenfrenadamente. Esto ha generado la impresión de que los gobiernos sí han estado y están preocupados por el bienestar general. Sin embargo, el correlato de esta política acarrea serias amenazas, que ahora está obligando a buscar “políticas de salida” a las políticas anticrisis.

El dilema radica en que la ola especulativa no ha bastado para restablecer niveles adecuados de capitalización del sistema financiero, por lo que éste se mantiene en condiciones muy precarias. Los bancos necesitan, por tanto, aumentar sustancialmente los ingresos resultantes del cobro de intereses. Pero dada la reducida actividad económica actual, la generación de recursos para el pago de tales intereses es también escuálida. Obligados a pagar mayores intereses, una gran cantidad de empresas y vastos sectores de la población quedarían en bancarrota.

Además, es casi seguro que tarde o temprano resurjan procesos inflacionarios virulentos, dada la masiva destrucción de la capacidad productiva que se está produciendo en todos los lugares (salvo en China, lo que está trastocando completamente el sistema cambiario internacional).

Pero eso no es todo.
Si suben las tasas de interés, como necesariamente deberá suceder, se reducirá automáticamente el mercado de créditos, y eso hará quebrar a cientos de bancos y empresas financieras. Las pérdidas en ahorros será enorme, y obviamente habrá que despedirse de toda ilusión reactivadora. La crisis financiera de los estados se agudizará, obligándolos a reducir sus gastos, obviamente en primer lugar el gasto social. Y las condiciones económicas generales volverán a deteriorarse masivamente, pudiendo llegar, como pronostican algunos, a la depresión de la cual según los magos de las promesas acabamos de salvarnos.

No es causal entonces que estemos presenciando
el retorno de los “sinceradores” económicos. En EE.UU. y Europa ya hay varios de ellos, y no demorarán en llegar también más hacia el sur. Bajo el pretexto de limpiar la economía de sus trabas, éstos están proponiendo que las cosas empeoren para posteriormente poder mejorarlas de verdad. Si las cosas siguen como están, serán pocos los que no coincidan. Habrá que hacer entonces estudios arqueológicos para reencontrarse en alguna parte con la justicia social.


Alexander Schubert es economista.



Recogido de aquí:




miércoles, 27 de enero de 2010

Ricardo Vergés Escuín - Entrevista en Tv33 - 25 de Enero 2010

He puesto la entrevista en Vimeo ya que en la página de TV33 el vídeo caduca en unos días.

Espero que no la borren.




Pongo también los gráficos que expone en ella para que pueda comprenderse mejor.


















lunes, 4 de enero de 2010

PISITÓFILOS CREDITÓFAGOS - AÑO DE LA CAPITULACIÓN - CARTA A LOS REYES


pisitófilos creditófagos dijo...
Le he preguntado a mi mujer cómo distribuiría el roscón de Reyes según propone Conthe. Me ha contestado en plan Supremas:
- "Todos lo del "Interné" estáis "chalaos" y, como sigas así, te dejo".
Añadan que he descubierto que, en una baldosa de mármol del WC, sale la cara de Voltaire.
Pero, yo a lo mío.
Se me ocurre lo siguiente.
Como en la propia vida, los roscones de Reyes tienen sorpresas, regalitos minúsculos. Puede haber una o varias, alguna de las cuales sería desagradable.
Para dividir un roscón entre tres comensales sin herir susceptibilidades y, a la vez, pasárnoslo bien:
- que cada comensal-jugador indique dónde cree que se encuentra "su" sorpresa, o sea, que cada cual señale "su" zona; en caso de conflicto, se elige un triunfador al azar y, a continuación, se pide al perdedor que indique su segundo óptimo;
- coherentemente las zonas, cualquiera de los tres divide el roscón en 6 trozos;
- cada comensal deberá escoger el suyo y el opuesto.
Voluntad, azar y dispersión.
Siempre que contesto en estos juegos de Conthe, tengo la sensación de no ser todo lo perspicaz que debo, pero, en fin...
Aprovecho la ocasión para mi carta a los Reyes Magos.
Queridos MELCHOR, GASPAR y BALTASAR:
1) Como nos hace falta una DEVALUACIÓN INTERNA, cuanto más, mejor, para ganar competitividad/productividad y que las ACTIVIDADES EXPORTADORAS nos saquen del hoyo inmo-hipotecario en que nos han metido los arrogantes y autocomplacientes supercincuentones nacidos entre 1940 y 1955, con su estúpido NUNCABAJISMO y DEUDALISMO GENERACIONAL...
- os pido:
que los triunfadores rebajados de El Pisito tarden en darse cuenta que su jugada consiste en preterir a los inmopillados-mutilados y aliarse con los inmo-indultados, y, así, que se les pase el arroz;
que haya pantalones para que la inmocapitulación sea lo suficientemente nítida, dado que cuanto más bajen los costes inmobiliarios será mejor para el ajuste laboral, y porque,
a) si la vivienda obrera fuera percibida como semigratuita, como lo es la sanidad y o la educación, ¿no habría más empleo (y menos exprime-pobres)?; y
b) si las oficinas, locales de negocio y naves industriales fueran baratísimas, ¿no habría más actividad económica (y menos forajidos echando tripa)?; y
que haya tiempo para abordar sin disturbios el ajuste salarial, o sea, que la ansiada resurrección estadística del dato-mviv no se precipite por el canguelo que produce el saldo vivo hipotecario.
2) Como el NEOPROVINCIANISMO ESPAÑOL lo que quiere es redistribuir el poder dentro del sector público administrativo en favor de sus 17 cutres, mugrientas y cochambrosas DICTADURAS DE PROXIMIDAD (CAJAS DE AHORROS incluidas), y se lo montan de nacioncitas étnico-cultural-territoriales fraccionarias (o sea, ni canónicas ni étnico-culturales, como la Nación del Islam de Malcom X, ni culturales a secas, como la Nación de los Canis, je, je)...
- os pido:
que este año de la capitulación de El Pisito, y dado que el nefando ortograma de El Terruñito va para largo, que, al menos, a estos nacioncitas les sigan saliendo verrugas en su cara de fascistillas, de modo que su infundado complejo de superioridad tengan que méterselo por donde les quepa durante un lapso tiempo tal que, cuando se den cuenta, les cueste un par de décadas volver a recuperar pulso, y yo ya esté para estirar la pata y, entonces, todo me la refanfinfle; y
que Banco España esté inteligente y que, por fin, triunfe la idea de que no vamos a ningún lado con esta constelación de banquitos públicos administrados por barones regionales de los partidos políticos SDSL, que defienden una concepción paternalista y lumpen del capitalismo, hipotéticamente integradores verticales de clases (familia-depositantes, municipio-CCAA y sindicatos), cuyos jefecillos se seleccionan por cooptación, especializados en inmuebles, hipotecas y urbanismo, y que son contemplados por el electorado con ternura patria-chiquera a la vez que cínicamente, toda vez que se sabe que papá-Estado "ejpañol" está detrás, enchufándoles por lo bajini la pastaza de todos los contribuyentes.
3) Como la crisis ha puesto a la SDSL de los nervios, al destruir las fantasías animadas de ayer y hoy del capitalismo de rostro humano o popular, publicitadas a partir de los 50s, y ha tenido que recurrir al HOMBRENUEVISMO CIUDADÁNICO, o sea, a El Sexo mezclado con la versión laica y severa (y radicalmente propietarioprivatista) de la Doctrina Social de la Iglesia (Rerum Novarum, Leon XIII), para que la población estafada disponga de un anestesiante que permita la dilatación del esfínter,
- os pido:
que los santos y santas, obispos y obispas y cardenales y cardenalas de la esta curia totalitaria o totalizante, toda vez que pretenden monopolizar lo moral, se vean obligados a luchar por la larga vida de sus SICAVs.
4) Como los ppcc nos dedicamos a lo que nos dedicamos,
- os pido:
que este año, todavía, no nos baneen; y
que quienes nos reprochan hipotéticas derivas ideológicas, especialmente desde el presunto izquierdismo, comprendan que ya nada es igual desde la Teoría de las Expectativas Racionales y la Psicoeconomía.
5) Y, finalmente,
- os pido:
que Vinila se encuentre bien con su nuevo grupo The Lucky Dados (¿ya no se junta con David Kano y Krakovia o qué?... y, ya que sale, no dejen de visitar Cracovia y Varsovia, no hagan caso a los SDSL que dicen que es mejor que nos hipotequemos a que nos gastemos el dinero en viajes, viajen mucho y, el día de Cracovia, vayan a Auschwitz-Birkenau y comprométanse con ustedes mismos contra las estructuras de opresión, como lo es El Pisito & El Terruñito);
http://www.youtube.com/watch?v=6A6rPdIEuoE

y, por último, que seamos todos un poco más hippies y funkies, porque tenemos la depresión económica en todo lo alto y, todavía, no se divisa ningún resurgimiento, como corresponde en estas épocas y que es, precisamente, lo bueno que tienen, la destrucción creativa.
G X L
18:41 03-01-2010




viernes, 18 de diciembre de 2009

José Manual Naredo - LA CARA OCULTA DE LA CRISIS EL FIN DEL BOOM INMOBILIARIO Y SUS CONSECUENCIAS

Extractos del artículo; enlace al artículo completo al final.


LA CARA OCULTA DE LA CRISIS
EL FIN DEL BOOM INMOBILIARIO
Y SUS CONSECUENCIAS

José Manuel Naredo


Introducción.
La larga duración de la fase alcista del presente ciclo indujo a considerarla como algo normal y permanente.
De ahí que la irrupción de la crisis no sólo haya causado perplejidad sino que ha tendido a percibirse como algo raro y transitorio, olvidando que la intensidad del auge suele presagiar la intensidad del declive. En lo que sigue trataremos de escapar a estos espejismos considerando la crisis como mero fruto de los desequilibrios provocados por la euforia económica precedente. A la hora de interpretarla crisis, hay analistas que subrayan los aspectos más nuevos o peculiares que la han provocado y otros que hacen hincapié en lo que de común tiene con las crisis anteriores.

En todas las crisis suelen convivir dimensiones nuevas y antiguas. En lo que sigue
empezaré por presentar el trasfondo general en el que se produce esta crisis marcado por mutaciones del capitalismo de las que no se suele hablar, ya que vienen eclipsadas por la ideología económica dominante con sus enfoques de la producción y el crecimiento. Centraremos después la reflexión en la burbuja inmobiliaria, habida cuenta el peso tan determinante que ha tenido en nuestro país durante el auge y que está teniendo y tendrá en el declive del presente ciclo económico.

Trasfondo de la crisis: la deriva del capitalismo hacia
la adquisición de riquezas preexistentes

Rara vez se habla de que la crisis actual se ve agravada por la deriva que ha venido mostrando el capitalismo hacia la adquisición de riquezas preexistentes (Naredo, 2007) acentuando la dimensión especulativa de la mayor parte de las inversiones acometidas durante el auge. Éstas se han dirigido mayoritariamente a financiar operaciones de compraventa de títulos, empresas, terrenos,… o inmuebles, más orientadas a obtener
plusvalías que a producir bienes y servicios asociados a una mejor calidad de vida de la población. En nuestro país la burbuja inmobiliaria y sus derivados constructivos han llegado a absorber cerca del 70 % del crédito al sector privado y a extender el virus de la especulación por todo el cuerpo social, a la vez que se sobredimensionaba el suelo urbanizable y el parque de viviendas secundarias y/o desocupadas, ocasionando una superdestrucción de los asentamientos, los ecosistemas y los paisajes precedentes.
Lo que hace que todo el mundo sufra el “deterioro ambiental” y que muchos tengan que acabar pagando el aquelarre de beneficios y plusvalías obtenidos por unos pocos durante el auge, en un juego económico que necesitaba expandirse continuamente para evitar su derrumbe. Esta huída hacia adelante reclamaba una creciente necesidad de financiación que sentenciaba al presente ciclo alcista a morir, tarde o temprano, por estrangulamiento financiero (como hemos venido advirtiendo desde hace tiempo en diversas publicaciones, de las que remitimos a la última: Naredo, Carpintero y Marcos,
2008, Cap. I.
22
“La revalorización de la vivienda y su financiación”, pp. 73-78).
Sin embargo, la ideología económica dominante dificulta la comprensión de las
mutaciones que ha observado el capitalismo al desplazar su actividad desde la
producción de riqueza hacia la adquisición de la misma, con ayuda de la
financiarización de la economía y del recurso a operaciones y megaproyectos apoyados por el poder. Pues la metáfora de la producción oculta la realidad de la extracción y adquisición de riqueza. Y la idea de mercado soslaya la intervención del poder en el proceso económico. El desplazamiento y la concentración del poder hacia el campo económico-empresarial hace que hoy existan empresas capaces de crear dinero, de conseguir privatizaciones, recalificaciones, concesiones, contratas,…y de manipular la opinión, polarizando así el propio mundo empresarial. Si antes el Estado controlaba a las empresas ahora hay empresas y empresarios que controlan y utilizan el Estado y los media en beneficio propio, mostrando que el capitalismo de los poderosos es sólo liberal y antiestatal a medias. Es liberal para solicitar plena libertad de explotación, pero no para promover recalificaciones y concesiones en beneficio propio. Y es antiestatal para despojar al Estado de sus riquezas, pero no para conseguir que las ayudas e intervenciones estatales alimenten sus negocios. De ahí que calificar de (neo)liberal al capitalismo de los poderosos es hacerle un inmenso favor, al encubrir el intervencionismo
discrecional tan potente en el que normalmente se apoya, permitiendo que los nuevos caciques vayan impunemente por la vida presumiendo de (neo)liberales.
Intervencionismo que ha culminado al calor de la crisis con las suculentas ayudas a las empresas que evidencian la ley del embudo, consistente en privatizar beneficios y socializar pérdidas, que están imponiendo los nuevos caciques al conjunto de la
población.


La
actual refundación oligárquica del poder plasmada en un neocaciquismo
disfrazado de democracia
ha desatado una nueva fase de acumulación capitalista (Naredo, 2007). En esta fase los más poderosos son capaces de emitir acciones y otros títulos que suplen las funciones del dinero contando, así, con medios de financiación sin precedentes que les permiten adquirir las propiedades del capitalismo local y del Estado, y con el poder necesario para promover, con ayuda estatal, megaproyectos de dudoso interés social y operaciones extremadamente lucrativas. El sistema monetario internacional facilita la creación de ese dinero financiero que se sostiene a base de atraer el ahorro, incluso de los más pobres, hacia la compra de los pasivos no exigibles que emiten los más ricos, generando procesos especulativos que acentúan los vaivenes cíclicos y la volatilidad de las cotizaciones. En esta fase, en la que predomina la adquisición sobre la producción de riqueza, los beneficios empresariales y el crecimiento de los agregados económicos de rigor, ya no suponen mejoras generalizadas en la calidad de vida de la mayoría de la población, que tiene que sufragar el festín de beneficios, plusvalías y comisiones originado, acentuando la polarización social. Pero la sociedad, adormecida por la ideología dominante, sigue sin preocuparse del contenido concreto y las implicaciones de esos agregados monetarios cuyo crecimiento indiscriminado desea y defiende.


La deriva hacia la adquisición de la riqueza se produjo de la mano de la
hiperdimensión del juego inmobiliario-financiero y demás procesos especulativos que, por su propia naturaleza, desembocan en situaciones críticas, al ser económicamente insostenibles. Este panorama resulta socialmente aceptable en la medida en la que una ingente liquidez nueva alimenta la máquina corrupta del crecimiento económico, de cuyas migajas viven también los pobres. De ahí que cuando el pulso de la coyuntura económica decae se quiera “inyectar” más y más liquidez a toda costa ―como muestra la reciente cumbre del G-20― para que la fiesta de adquisición de riqueza continúe y rebose lo más posible, alcanzando a buena parte de la población. El crecimiento actúa, así, como una droga que adormece los conflictos y las conciencias y crea adicción en todo el cuerpo
social.
Pero cuando decae o se para el malestar resurge con fuerza, invitando
peligrosamente a mirar hacia atrás y a ver las ruinas que ha ido dejando, jalonadas de grave deterioro ecológico, de angustioso endeudamiento económico, de bancarrota moral y de severo empobrecimiento social al haber acentuado el servilismo, espoleado por la envidia y la avaricia.
(...)

España líder del auge inmobiliario.
(...)
Cuando España llegó a disponer ya de más viviendas y kilómetros de autopista per
capita que en todos los otros países europeos, el auge inmobiliario empezó a acusar
síntomas de agotamiento.
No han sido los límites ecológicos, ni los límites de una demografía que no alcanza a habitar un parque de viviendas cada vez más sobredimensionado los que acabaron frenando el presente boom inmobiliario, sino los límites financieros, como había ocurrido en los ciclos anteriores. Pero la novedad que explica la notoria intensidad y duración de este auge inmobiliario arranca de que, con la desaparición de la peseta y el advenimiento del euro, desapareció también el freno que planteaba a las coyunturas alcistas la limitada capacidad de financiación disponible. Estas
morían tradicionalmente porque el endeudamiento interno y externo erosionaba la
cotización de la peseta y obligaba a devaluarla para restaurar el equilibrio exterior y a aplicar programas de “ajuste” para recortar el excesivo endeudamiento. Sin embargo, actualmente, el paraguas del euro ha permitido prolongar el endeudamiento de la economía española hasta límites difíciles de imaginar, a la vez que el “maná” de los fondos europeos posibilitó cuantiosas inversiones en infraestructuras.
Por primera vez, no solo demandaron financiación neta las empresas, sino hasta los propios hogares, para financiar el boom inmobiliario, que acusaron por cuarto año consecutivo un déficit de
financiación neta cuya financiación exigían a la banca, en vez de ofrecérsela como había sido habitual: los créditos que solicitaban los hogares superaron así sistemáticamente al aumento de sus depósitos. Además, con la solvencia del euro aumentó el peso de la inversión extrajera en inmuebles, que se sumó a la financiación interna para reforzar el auge inmobiliario a costa de hacerlo más dependiente de la coyuntura internacional.


Precisamente la caída de la inversión extranjera en inmuebles, unida a la salida de la inversión inmobiliaria española hacia el exterior, anticiparon con años de antelación el actual declive inmobiliario interno, más tarde reforzado por la crisis hipotecaria de Estados Unidos, la desconfianza de los inversores y el enfriamiento de la coyuntura económica internacional.

España líder del riesgo inmobiliario.
Llegados a este punto, cabe subrayar los riesgos en los que se ha ido incurriendo
para financiar el auge. En primer lugar hay que recordar que, si bien la subida de precios protagonizó en España el auge inmobiliario de los ochenta, la construcción y el endeudamiento tuvieron entonces escasa incidencia. Pero no ocurre lo mismo en el ciclo actual en el que la importante construcción nueva demandó una financiación adicional sin precedentes, haciendo que el endeudamiento hipotecario de los hogares respecto a su renta disponible se situara al final del ciclo por encima del de todos los países de nuestro entorno, incluido Estados Unidos (Naredo, Carpintero y Marcos, 2007 y 2008).


Y
el riesgo de los hogares se acentúa por el hecho de que España es el país europeo con mayor porcentaje de crédito hipotecario contratado a interés variable, en momentos en los que los tipos de interés alcanzaron mínimos históricos. Por otra parte, si al crédito hipotecario de los hogares se añade el contraído por las empresas inmobiliarias y constructoras, se llega a la conclusión de que la exposición de cajas y bancos al riesgo inmobiliario es mayor en España que en todos los países de nuestro entorno, incluido Estados Unidos. Conscientes de este riesgo, las entidades financieras han conseguido “titulizar” más de un tercio de su deuda hipotecaria, traspasando así el riesgo a los compradores de los títulos emitidos, aunque la mayor conciencia actual de este riesgo
ha encarecido y frenado este proceso.

(...)

Perspectivas: precios inmobiliarios y actividad.
¿Hasta qué punto están cayendo y hasta dónde caerán los precios de la vivienda?;
¿hasta qué punto y hasta cuándo se traducirá el desplome inmobiliario en recesión
económica generalizada?; ¿quién acabará pagando los platos rotos de la fiesta
inmobiliaria? Estas preguntas arreciaron desde que la coyuntura económica evidenciósu caída desde principios de 2008.


Cuando el mercado inmobiliario se enfría, el número de operaciones disminuye y el
período de venta se dilata, haciendo que los oferentes más necesitados de liquidez
acaben vendiendo sus viviendas a precios muy inferiores a los de tasación y también de los precios de los anuncios. Pero en nuestro país las caídas de precios, ya observadas por los operadores del sector, no han tenido un reflejo estadístico claro e inmediato.
Este contexto de opacidad informativa tiende a evitar ajustes bruscos vía precios, al mantener ciertos “precios de consenso” que se supone valen las viviendas por encima de los de mercado a costa de forzar la iliquidez del patrimonio inmobiliario así valorado y de prolongar artificialmente los períodos de venta, para que la inflación diluya el ajuste a lo largo del tiempo. Pero a la vez que se trata de evitar el ajuste vía precios, se fuerza sin querer el ajuste en cantidades, reflejado en el desplome de la construcción de vivienda nueva observado en el año en curso. Entidades del sector estiman que en 2008 se construirán seiscientas mil de viviendas menos que el año anterior con un recorte de más de un millón de empleos.
(...)
En primer lugar hay que precisar que
el índice oficial de precios de la vivienda que elabora trimestralmente el Ministerio de Vivienda (IPVmv) no recoge verdaderos precios de mercado, sino precios que imputan a las viviendas las empresas de tasación de inmuebles. El hecho de que las empresas de tasación trabajen mayoritariamente para las entidades financieras y que éstas no vean con buenos ojos que los precios de tasación caigan por debajo de los valores hipotecados, hace dudar de la objetividad de esta fuente en momentos de declive.
(...)
Pero subrayemos antes que
el mencionado oscurantismo de los precios inmobiliarios parece impropio de un país que se dice moderno y desarrollado, y en el que el mercado inmobiliario ha tenido una importancia económica tan manifiesta. No cabe imaginar que
solo hubiera una estadística de precios de las operaciones bursátiles, que elaboraran cada tres meses determinadas empresas de tasación encargadas de atribuir valor a las acciones y que, para colmo, esas empresas dependieran o, incluso, estuvieran participadas por las entidades que financiaban esas operaciones. Se ha hablado mucho de la responsabilidad de las empresas extranjeras de rating en la desconfianza que se extendió en el mundo empresarial durante la crisis actual, pero poco o nada se ha hablado de las empresas españolas de tasación: se veía la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio. Al igual que se ha hablado mucho de las hipotecas subprime, o de alto riesgo tan atractivamente “estructuradas”, y de que la banca española había permanecido bastante indemne a ese producto, presuponiendo que ello era debido a que nuestra normativa era mejor y nuestros banqueros más hábiles que los de los otros países afectados. Con ello se oculta que si las entidades financieras españolas no compraron apenas esos “atractivos” productos fue, sobre todo, porque trataban denodadamente de obtener financiación neta del exterior, titulizando sus propias hipotecas al igual que los EEUU, y no de colocar fuera un exceso de liquidez comprando títulos. Las entidades financieras españolas no necesitaban comprar hipotecas negociadas en EEUU, cuando la demanda interna de hipotecas crecía como la espuma y
necesitaban endeudarse fuera para poder financiarlas in situ. Ciertamente,
las entidades financieras españolas no necesitaban comprar hipotecas subprime, o de alto riesgo, fuera cuando apenas daban abasto para conceder las propias hipotecas “subprime a la española” ―al decir del fino analista y amigo Anselmo Calleja (Calleja, 2008)― pues hipotecas de alto riesgo son, en general, las contratadas a tipo de interés variable cuando los tipos eran anormalmente bajos, con tasaciones que superaban normalmente los
precios efectivos de mercado y con una actividad desbordante y una ocupación de la mano de obra que rozaba el pleno empleo.


(...)
La disyuntiva está clara: o se trata de mantener la tradicional opacidad estadística
sobre el mercado inmobiliario postergando el ajuste vía precios, o se trata de favorecer este ajuste potenciando la entrada de nuevos mecanismos que aporten agilidad y transparencia sobre los precios de las operaciones efectivas, facilitando la realización de activos mediante procedimientos de subasta amplia e informada comparables a los que existen en los mercados bursátiles. En cualquier caso los precios de la vivienda ya están bajando y, por mucho que se haga por ocultarlo, esta bajada acabará evidenciando que el “aterrizaje suave” pronosticado tampoco se observa en los precios de mercado.


Pero cualquiera que sea el contexto mencionado no evita el riesgo al que se ven
sometidos las empresas y los hogares implicados, que se ha agravado ostensiblemente con la caída de la actividad económica general, que resultaba previsible dado el gran peso de la actividad constructiva e inmobiliaria y el panorama incierto de la coyuntura internacional. Aunque, como hemos indicado, el auge inmobiliario contribuyó a extender
el virus de la especulación inmobiliaria por todo el cuerpo social, el 65 % de los propietarios de bienes inmuebles escasamente podrán beneficiarse con su venta, ya que (según el Catastro) son titulares de un único bien, normalmente coincidente con su
vivienda principal, y el 57 % de la deuda de los hogares corresponde precisamente a la vivienda principal
(según la Encuesta Financiera de las Familias (EFF) del Banco de España). Resulta inquietante observar que cerca del 60 % de esta deuda se proyectó sobre la mitad de los hogares con menos patrimonio y que, por término medio, el pago de deudas de los hogares supone el 17 % de su renta disponible, elevándose notablemente este porcentaje entre los hogares con menos renta (este porcentaje supera el 40 % en cerca de la mitad del 20 % de los hogares con menos renta, como puede constatarse en Naredo, Carpintero y Marcos, 2008, p. 182, Cuadro III.1.5.1). Vemos, pues, que son los hogares más pobres y endeudados los que seguirán pagando durante decenios las plusvalías realizadas por otros, aunque sus viviendas bajen de precio.
(...)

Errores de diagnóstico, irresponsabilidad económica y servilismo profesionalizado.
(...)
Me consta que, entre los economistas más próximos al poder político y/o
empresarial, estaba mal visto reconocer públicamente la propia existencia de la burbuja inmobiliaria como no fuera para afirmar, a modo de mantra o conjuro repetitivo, que el “aterrizaje sería suave” a fin de no desanimar a los compradores de inmuebles, ni siquiera en la fase final y más comprometida del ciclo. Recordemos que, hasta que se impuso la evidencia, estuvo vetado hablar de crisis y que quien subrayara los desequilibrios o problemas de la economía española corría el riesgo de ser acusado de antipatriota. Ni los avisos esporádicos del Banco de España, ni los trabajos de algunos analistas aislados pudieron romper, así,
el coro de complacencia entonado por los profesionales, empresarios y políticos de un sector y de un país que acostumbran a premiar la obediencia servil y a despreciar la inteligencia. Pues, paradójicamente, la autocensura implícita se extendió mucho más entre los analistas durante la democracia, de lo que lo hizo la censura burocrática durante el franquismo, dado que entonces se dibujaba más nítidamente la frontera entre técnicos y políticos.

Disyuntiva de la presente crisis: reconvertir o
apuntalar el actual modelo económico.

(...)
¿Podrán los nuevos estímulos hacer que la situación repunte, sin a penas sanear la
situación y sin cambiar las reglas de funcionamiento del sistema? Sin duda, pero el largo período de auge observado recientemente a escala planetaria no tiene visos de repetirse, ya que el nuevo crecimiento económico desembocará en un encadenamiento de burbujas en el que la inestabilidad será la norma. Esta será la consecuencia del predominio cada vez más absoluto de la pugna por la adquisición de riqueza en un juego económico en el que el crecimiento de los agregados podrá avanzar en paralelo con el deterioro de la calidad de vida de la mayoría de la población y de su entorno físico y social.

---o0o---
Teniendo en cuenta que este texto va destinado a la Revista de economía crítica, he de acabar subrayando que la economía crítica no solo ha de diferenciarse de la economía ordinaria por sus enfoques y metas, sino también por su ética profesional. La economía ordinaria se vanagloria de haberse independizado de la moral, pero en realidad hace cada vez más las veces de apologética del statu quo, sacrificando ―como hemos visto― a la complacencia con éste su capacidad de interpretación y predicción y su posible
función social. Sin embargo, la economía crítica debe cuidar estas funciones, por mucho que su discurso incomode a los poderes establecidos y sea objeto de ninguneos y represalias. A mi juicio la economía crítica debe hacer gala de una libertad y una ética
profesional cuya solidez contraste con el ejercicio de la profesión más servil y acomodaticio a las exigencias del poder que vienen practicando buena parte de nuestros colegas desde las filas de la economía ordinaria, en universidades, empresas, consultorías o administraciones, a menudo, incluso, sin tener clara conciencia de ello.
En suma, que la economía crítica está llamada a dignificar con su ejemplo la profesión de economista y a revitalizar una ética profesional y política que se encuentra bajo
mínimos en nuestro país.

---o0o---


Enlace al artículo completo.


Enlace a la publicación citada en el artículo "Patrimonio Inmobiliario y Balance Nacional de la Economía Española 1995-2007".





Siguen unos gráficos del libro:

PATRIMONIO
INMOBILIARIO
Y BALANCE NACIONAL
DE LA ECONOMÍA
ESPAÑOLA (1995-2007)
_________

José Manuel Naredo
Óscar Carpintero
Carmen Marcos
_________

FUNDACIÓN DE LAS CAJAS DE AHORROS


Comenzamos con una comparación entre países de la UE de los créditos hipotecarios a interés variable concedidos durante la burbuja. Es del año 2006 pero es representativo de los últimos años.

Concedidos a tipos en mínimos históricos. En España no tenemos subprime.






Dejar claro que no ha habido intervención política alguna.











Y que el inmobiliario ha sido un mercado autorregulado por la ley de la oferta y de la demanda, de funcionamiento claro y transparente.

Además hemos sido coherentes con el nuevo escenario europeo en el que estamos inscritos. Solo hemos pecado un poco de sana ambición por el desarrollo y por entrar en la champions por la puerta grande...









Un mercado de funcionamiento perfecto:



Los precios se van corrigiendo:




Por regiones.







_______________________





Nuestro patrimonio no dejaba de crecer. Los pisos cada vez valían más!





Éramos cada vez más ricos...?





Despertamos. Ahora toca cerrar balance.

Ejemplo:



Japón. Las burbujas duelen.



Para terminar, un cuadro de Ricardo Vergés: cuotas hipotecarias pendientes de pagar hasta 2032.



Nuestra larga travesía en el desierto.

____


Pienso que la estafa a la que asistimos, que solo ha hecho que empezar, se consumará por esta vía:
nivelando los desajustes contables de la burbuja cargándolos en este concepto, es decir, socializando los costes a toda la ciudadanía, junto con el pago religioso de las cuotas hipotecarias pendientes de las familias.


- La bola de la hipoteca que ahogará a alrededor de 3 millones de unidades familiares durante 20 años. Las deudas se pagan.

- La gran cantidad de pasivo no exigible en manos de pequeños accionistas, ciudadanos de a pie (acciones, acciones preferentes, bonos convertibles, etc. -dinero financiero creado por las empresas-). Se han venido colocando todo tipo de productos financieros “complejos” a gente corriente, pensionistas, etc. al calor de la falsa recuperación a la vuelta de la esquina.

- El pasivo no exigible de las Cajas de Ahorros que va a “asumir” por todos el Estado a través del FROB (compra de emisiones de acciones preferentes de estas entidades...)


- La compra y/o la asunción del Estado de deuda privada de entidades de crédito (casi 70.000 mill. de euros entre FAAF y Avales).
El correlato en el sector público de esta partida del pasivo: en el sector público lo que no es deuda con terceros pertenece a la ciudadanía (PPCC). En el sector público el pasivo no exigible somos todos, como la Agencia Tributaria, casualidad.

La explosión de la burbuja y la caída de los precios inmobiliarios está produciendo una merma del Activo de Entidades financieras, Empresas, Estado... ¿Cómo se trasladará, de qué manera se reflejará en el Pasivo?

Como ha dicho PPCC,
“los acreedores ordinarios (Pasivo exigible) querrán que la quita se produzca en el Pasivo no exigible, o sea, que pague la factura exclusivamente el patrimonio de los socios (sector privado) y el de la ciudadanía (sector público). Si la ciudadanía es débil, los socios de las entidades privadas saldrán de rositas”.

De momento aquí los agujeros se tapan con cargo al Pasivo Público. ¿De dónde exigirán nuestros acreedores que se produzca la quita?

No sé si me he sabido explicar…

Para acabar de redondear todo, sabemos que
EL VERDADERO PRESTAMISTA DE ÚLTIMA INSTANCIA ES EL SISTEMA TRIBUTARIO (PPCC).

Emisiones avaladas por el Estado.



Dan ganas de salir corriendo...