Pisitófilos Creditófagos, Mayo 2007

19 mayo 17:35, ppcc dijo:
Para que ustedes se hagan una idea del tamaño de nuestra burbuja crediticia, analizado en términos de déficit por cuenta corriente -deuda externa-, en números redondos:

1) somos el segundo país del mundo que más debe; con el 8% del total; el primero es Estados Unidos, que debe el 65%, pero, ¡ojo!, son los dueños del dólar, moneda de reserva mundial; el tercero es Reino Unido, que, no obstante, debe la mitad que nosotros, teniendo mucha más población y siendo los dueños de la libra esterlina.

2) El 75% de lo que se "debe" en todo el mundo (posiciones deudoras en balanzas por cuenta corriente), lo deben Estados Unidos, Reino Unido, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda, países todos cortados por el mismo patrón en relación con lo que estamos analizando;

3) de lo restante, nosotros debemos, ¡atención!, casi el 30%, que es el triple que Francia y cinco veces lo de Italia, cuyas poblaciones (y sistemas económicos) son muy superiores.
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martes, 13 de abril de 2010

Michael Hudson - Las guerras de deuda que se avecinan en Europa

Las guerras de deuda que se avecinan en Europa

11/04/10

La deuda pública en Grecia no es sino la primera de una serie de bombas de deuda dispuestas para estallar. Las deudas hipotecarias en las economías postsoviéticas y en Islandia son más explosivas. Aun cuando esos países no están en la eurozona, el grueso de sus deudas está denominado en euros. Alrededor del 87% de las deudas de Letonia lo son en euros y otras monedas extranjeras, y están sobre todo en manos de bancos suecos, mientras que Hungría y Rumanía tienen deudas en euros sobre todo con bancos austriacos. De modo que el endeudamiento de los gobiernos de los países no miembros del euro ha sido contraído a fin de sostener unas tasas de cambio que permitieran al sector privado pagar sus deudas con los bancos extranjeros, no a fin de financiar un déficit presupuestario nacional, como en Grecia.

Todas esas deudas son altas al punto de lo indevolvible, porque el grueso de estos países están en trance de incurrir en déficits comerciales cada vez más profundos y se hallan abismados en una depresión. Ahora que los precios de los bienes raíces se están desplomando, los déficits comerciales ya no pueden seguir financiándose por el flujo entrante de préstamo hipotecario en moneda extranjera y de venta de propiedades. No hay medio visible de apoyo para la estabilización de las monedas (exempli gratia: unas economías sanas). En los pasados años, esas economías han sostenido sus tasas de cambio mediante préstamos de la Unión Europea y del FMI. Los términos de esos préstamos son políticamente insostenibles: recortes drásticos del presupuesto público, tasas fiscales más altas sobre unos salarios ya sobreexigidos fiscalmente y planes de austeridad que redundan en el encogimiento de la economía y la expulsión de más fuerza de trabajo hacia la emigración.

Los banqueros en Suecia y Austria, Alemania y Gran Bretaña están en vías de descubrir que extender el crédito a naciones que no pueden (o no quieren) pagar puede convertirse en su problema, no en el de sus deudores. Nadie quiere aceptar el hecho de que las deudas que no pueden ser satisfechas no querrán ser satisfechas. Alguien debe cargar con el coste, a medida que las deudas entran en mora o resultan depreciadas al tener que devolverse en monedas drásticamente devaluadas; pero muchos expertos jurídicos consideran poco menos que letra muerta los acuerdos que exigen la devolución en euros. Toda nación soberana tiene el derecho de legislar por sí propia las condiciones de su deuda, y los reajustes monetarios y las depreciaciones de deuda no serán moco de pavo.

No tiene caso devaluar, salvo “en exceso”, es decir, lo suficientemente como para alterar realmente las pautas comerciales y productivas. Por eso Franklin Roosevelt devaluó el dólar un 75% respecto del oro en 1933, elevando el precio de éste de 20 a 35 dólares la onza. Para evitar una elevación proporcional de la carga de la deuda estadounidense, lo que hizo fue anular la “cláusula del oro”, que indexaba al precio del oro el pago de los préstamos bancarios. Y es aquí donde se dará ahora la batalla política: en el pago de la deuda en monedas devaluadas.

Otro producto lateral de la Gran Depresión en los EEUU y en Canadá fue liberar de responsabilidad personal a los deudores hipotecarios, posibilitando su salida de la quiebra. Los bancos que ejecutan hipotecas pueden hacerse con la propiedad inmobiliaria puesta como colateral de la deuda, pero no tienen mayores derechos sobre las hipotecas. La práctica –fundada en el derecho común anglosajón— muestra cómo la América del Norte se liberó a sí propia del legado de tipo feudal, característico de las viejas y durísimas leyes europeas, que daban todo el poder a los acreedores y encarcelaban a los deudores.

La cuestión es: ¿quién cargará con las pérdidas? Mantener las deudas denominadas en euros causaría la quiebra de muchas empresas locales y del sector inmobiliario. Al revés, redenominar esas deudas en moneda local devaluada significaría la evaporación del capital de muchos bancos que operan con euros. Pero esos bancos son extranjeros, después de todo. Y al final, los gobiernos tienen que representar a su propio electorado nacional. Los bancos extranjeros no votan.

Los tenedores extranjeros de dólares perdieron una 29ava o una 30ava parte del valor en oro de sus reservas desde que los EEUU dejaron en 1971 de fijar al oro sus déficits de la balanza de pagos. Ahora reciben menos de una trigésima parte de eso, puesto que el precio ha llegado a alcanzar los 1.100 dólares la onza. Si el mundo puede aceptar eso, ¿por qué no habría de aceptar la venidera depreciación de la deuda europea, que viene al galope?

Hay un consenso creciente en que las economías postsoviéticas se estructuraron desde el comienzo en beneficio de intereses extranjeros, no de las economías locales. Por ejemplo, el trabajo letón soporta una carga fiscal superior al 50% (trabajador, empresario y tasas sociales), lo bastante alta como para hacerlo no competitivo, mientras que los impuestos a la propiedad tienen tipos menores al 1%, lo que genera un incentivo para la especulación rampante. Esa distorsionada filosofía fiscal convirtió a los “Tigres Bálticos” y a la Europa Central en privilegiados mercados de empréstitos para los bancos suecos y austriacos, pero sus trabajadores no pudieron hallar trabajo bien pagado en casa. Nada de eso –tampoco esas terribles leyes que desprotegen el puesto de trabajo— puede hallarse en Europa Occidental, ni en las economías de asiáticas o de América del Norte.

Parece irrazonable e irrealista esperar que grandes franjas de la población de la Nueva Europa puedan doblegarse a exacciones salariales de por vida, reduciéndolas a una perpetua servidumbre por deudas. Las futuras relaciones entre la Vieja y la Nueva Europa dependerán de la disposición de la eurozona a rediseñar las economías postsoviéticas conforme a líneas más solventes: con un crédito más productivo y un sistema fiscal menos sesgado a favor de los rentistas y que promueva el empleo, antes que la inflación de activos, que empuja a la gente a emigrar. Además de reajustes monetarios para afrontar una deuda inabordable, la línea de solución adecuada para esos países pasa por un desplazamiento de la carga fiscal, del trabajo a los bienes raíces, que los asemeje más a Europa Occidental. No hay alternativa. De otro modo, el inveterado conflicto de intereses entre acreedores y deudores amenaza con escindir a Europa en dos campos políticamente hostiles, con Islandia ensayando algo nuevo.

Hasta tanto no se resuelva el problema de la deuda –y la única forma de hacerlo es negociar una depreciación de la misma—, la expansión europea (la absorción de la Nueva Europa por la Vieja) parece encallada. Pero la transición a esta futura solución no será fácil. Los intereses financieros dominan todavía en la Unión Europea, y se resistirán a lo inevitable. Gordon Brown ya ha mostrado su verdadera faz con sus amenazas a Islandia de usar, ilegal e impropiamente, al FMI como un agente recaudatorio de las deudas que Islandia no ha contraído legalmente y de bloquear la entrada de Islandia en la Unión Europea.

Haciendo frente a los alardes intimidatorios del señor Brown –y al de los holandeses, peritos falderos de los británicos—, el 97% de los votantes islandeses se opuso a la solución de la deuda que Gran Bretaña y Holanda querían hacerles imponerles a través de las tragaderas de los miembros del Althing [el parlamento islandés; T.]. Un sufragio tan elevado no se había visto en el mundo desde las viejas épocas del estalinismo. Y es sólo un anticipo. La decisión que está ultimando Europa hará verosímilmente salir a millones a la calle. Las alianzas económicas y políticas se harán tornadizas, las monedas se desplomarán y caerán gobiernos. La Unión Europea y aun el entero sistema financiero internacional cambiarán de maneras que aún no se pueden prever. Eso ocurrirá, especialmente, si las naciones adoptan un modelo de estilo argentino y se niegan a pagar hasta que no se hagan descuentos drásticos.

Para naciones que esperan mantener una módica sociedad civil, pagar en euros es imposible, pues los bienes raíces y los ingresos y personales se precipitan en la deuda técnica al exceder las deudas el valor corriente de los flujos de ingresos disponibles para pagar hipotecas o deudas personales. Los “planes de austeridad” al estilo del FMI y de la Unión Europea no pasan de ser una jerga antiséptica, tecnocrática, para designar el impacto mortal de la destrucción del ingreso, los servicios sociales, el gasto en salud y hospitales, la educación y otras necesidades básicas, así como el de la puesta en almoneda de la infraestructura pública, que convertirá las naciones en “economías saturadas de puestos de peaje” en los que todo el mundo tendrá que pagar precios de acceso a las carreteras, la educación, la asistencia médica y otras necesidades de la vida y de los negocios que desde hace mucho son subsidiadas por una fiscalidad progresiva en América del Norte y en Europa Occidental.

Las líneas de batalla se han fijado en torno al modo en que han de ser honradas las deudas privadas y públicas. Para las naciones reluctantes a honrarlas en euros, las naciones acreedoras les preparan una buena exhibición de músculos a través de las agencias de calificación del crédito. A la primera señal de que una nación se niega a pagar en moneda fuerte, o aun incluso al primer amago de cuestionar como impropia una deuda externa, las agencias entrarán a reducir la calificación del crédito de una nación. Eso incrementará el coste del empréstito, amenazando con paralizar la economía por la vía de asfixiar su crédito.

El tiro más reciente fue el disparado el pasado 6 de abril, cuando Moody’s degradó la deuda islandesa de estable a negativa. “Moody’s reconoció que Islandia todavía podría conseguir un mejor acuerdo en otras negociaciones venideras, pero dijo que la actual incertidumbre dañaba las perspectivas económicas y financieras a corto plazo del país”.

La lucha ha comenzado. Será una década harto interesante.

Michael Hudson trabajó como economista en Wall Street y actualmente es Distinguished Professor en la University of Misoury, Kansas City, y presidente del Institute for the Study of Long-Term Economic Trends (ISLET). Es autor de varios libros, entre los que destacan: Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire (nueva ed., Pluto Press, 2003) y Trade, Development and Foreign Debt: How Trade and Development Concentrate Economic Power in the Hands of Dominant Nations (ISLET, 2009). Actualmente es Economista en jefe del consejo de asesores de la Reform Task Force en Letonia.

Traducción para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench


http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3244

jueves, 18 de febrero de 2010

Alexander Schubert - Crisis económica y justicia social

20 de Enero de 2010


Crisis económica y justicia social

La crisis económica mundial tiene como una de sus peores víctimas la justicia social. Sin embargo, esta ha sido enterrada sin que sus deudos siquiera exigiesen un velatorio decente. Demasiada ilusión existe todavía de que las políticas anticrisis en curso han sido y seguirán siendo exitosas. Incluso, entre quienes piden cambios, las alternativas son nulas. En el apuro de darla por superada, los efectos sociales de la crisis económica mundial en curso no han comenzado siquiera a ser evaluados.
Sabemos que los índices de pobreza han aumentado tanto, que las famosas metas del milenio de las Naciones Unidas se han tornado inalcanzables. La destrucción del potencial productivo mundial ya ha sido cuantiosa, y es completamente ilusorio pensar en que eventualmente superada la crisis las tasas de crecimiento puedan volver rápidamente a niveles satisfactorios.

Las inversiones reales han caído, tal como lo han hecho los ingresos de los asalariados. Han aumentado los desocupados y subocupados. No existen ni remotamente perspectivas para establecer en el mediano plazo niveles ocupacionales adecuados. El equivalente de trillones de dólares en ahorros personales o familiares simplemente ha desaparecido. Los servicios asistenciales de los estados están en peligro de ser reducidos sustancialmente a causa de los graves y crecientes déficits fiscales.

Bajo estas circunstancias parecieran haber temas más apremiantes que la justicia social. ¿Cómo imaginar siquiera una remota posibilidad de justicia social con millones de desempleados, ingresos decrecientes, mercados externos estrangulados, sistemas de seguridad social quebrados, y estados sin capacidad de otorgar subsidios? El tema es el “manejo” de esta situación, no la justicia social, y muchos menos otros temas como la ecología.

Eso a pesar de que el manejo hasta ahora ha sido deplorable. La respuesta de los estados a crisis del sistema financiero fue y sigue siendo la expansión monetaria. Ello ocurrió dando crédito a las empresas financieras “demasiado grandes para quebrar”, lo que según el Presidente de la Comisión Investigadora de la Crisis Financiera del Congreso de los EE.UU., estuvo marcado por “avaricia, estupidez, arrogancia y corrupción abierta”. Y lo sigue estando.

Los recursos repartidos a discreción por un grupo de confabulados en los Ministerios de Hacienda y Bancos Centrales y centro financieros privados, han sido utilizados sin control político alguno para maquillar los balances de los bancos. Las “ganancias” así generadas han quedado disponibles para ser repartidas entre sus directivos. Fue posible retomar así el ciclo especulativo, a pesar del descenso de la actividad económica y una deflación de precios de los bienes de consumo. El alza de las cotizaciones bursátiles ha permitido recuperar si no todas, por lo menos una buena parte de las pérdidas anteriores. Muchas empresas financieras, especialmente los fondos, se salvaron así de la quiebra o de su cierre.

Pero en términos reales, las pérdidas sociales de la crisis son enormes. (
En diversos excelentes estudios el CENDA ha mostrado cómo a pesar de la “recuperación” de los fondos de pensiones chilenos gracias a la ola especulativa, estos han perdido casi todas las ganancias acumuladas desde su creación hasta ahora).

Con cierto retraso se identificó que había que compensar el bajón de la demanda, y comenzaron también los más diversos programas de subsidios, desde los habitacionales hasta los del consumo de bienes duraderos. En menor medida hubo programas de reactivación de la demanda mediante el aumento del gasto público directo. Donde las había, se utilizaron reservas acumuladas, donde no, simplemente se expandió la masa monetaria, contrariando toda la teoría económica neoliberal anterior (y violando cualquier “independencia” de los Bancos Centrales).

Ninguna de estas medidas ha significado reactivación efectiva, pero ellas sí han impedido que la espiral de contracción de la actividad económica continuara desarrollándose desenfrenadamente. Esto ha generado la impresión de que los gobiernos sí han estado y están preocupados por el bienestar general. Sin embargo, el correlato de esta política acarrea serias amenazas, que ahora está obligando a buscar “políticas de salida” a las políticas anticrisis.

El dilema radica en que la ola especulativa no ha bastado para restablecer niveles adecuados de capitalización del sistema financiero, por lo que éste se mantiene en condiciones muy precarias. Los bancos necesitan, por tanto, aumentar sustancialmente los ingresos resultantes del cobro de intereses. Pero dada la reducida actividad económica actual, la generación de recursos para el pago de tales intereses es también escuálida. Obligados a pagar mayores intereses, una gran cantidad de empresas y vastos sectores de la población quedarían en bancarrota.

Además, es casi seguro que tarde o temprano resurjan procesos inflacionarios virulentos, dada la masiva destrucción de la capacidad productiva que se está produciendo en todos los lugares (salvo en China, lo que está trastocando completamente el sistema cambiario internacional).

Pero eso no es todo.
Si suben las tasas de interés, como necesariamente deberá suceder, se reducirá automáticamente el mercado de créditos, y eso hará quebrar a cientos de bancos y empresas financieras. Las pérdidas en ahorros será enorme, y obviamente habrá que despedirse de toda ilusión reactivadora. La crisis financiera de los estados se agudizará, obligándolos a reducir sus gastos, obviamente en primer lugar el gasto social. Y las condiciones económicas generales volverán a deteriorarse masivamente, pudiendo llegar, como pronostican algunos, a la depresión de la cual según los magos de las promesas acabamos de salvarnos.

No es causal entonces que estemos presenciando
el retorno de los “sinceradores” económicos. En EE.UU. y Europa ya hay varios de ellos, y no demorarán en llegar también más hacia el sur. Bajo el pretexto de limpiar la economía de sus trabas, éstos están proponiendo que las cosas empeoren para posteriormente poder mejorarlas de verdad. Si las cosas siguen como están, serán pocos los que no coincidan. Habrá que hacer entonces estudios arqueológicos para reencontrarse en alguna parte con la justicia social.


Alexander Schubert es economista.



Recogido de aquí:




martes, 10 de noviembre de 2009

NEW YORK TIMES - Datos de paro USA Septiembre 2009

Me he tomado la molestia de pasar los datos del NYT a Excel.


Resulta que los desagregados por sexo, edad, etc., no se corresponden luego con las medias que aparecen en los gráficos de la página.

Calculando Excel las medias / totales son superiores a las que proporciona el periódico.

Algo estará mal, aún así creo que pueden ayudar a hacernos una idea de la distribución del desempleo por colectivos.


POR RAZAS


Aquí el NYT presentaba un 8,6%, pero ni este dato ni los totales de desempleo por raza se corresponden con los números que presentaba por sexo/grupo de edad/nivel de estudios. Calculado con Excel.

Tasa de paro, 12,1%?


POR RAZAS y EDAD/NIVEL DE ESTUDIOS



La raza negra practicamente dobla a la blanca en todos los niveles.

BLANCOS/sexo/edad/nivel de estudios



NEGROS/sexo/edad/nivel de estudios



¿Es posible un nivel de desempleo juvenil masculino en la raza negra del 30%, y de un 48% de los que no han acabado los estudios obligatorios? Increíble.


Brutal.


HISPANOS/sexo/edad/nivel de estudios



RESTO DE RAZAS/sexo/edad/nivel de estudios



Una cosa curiosa, entre las mujeres sin High School terminado, solo las latinas tienen una tasa de paro superior a la de los hombres en su misma situación/edad.

El paro se reduce según avanza el nivel de estudios.



El desempleo de las personas con estudios superiores se mantiene bajo.

POR SEXO HOMBRES/raza/edad/nivel de estudios



MUJERES/raza/edad/nivel de estudios


Y finalmente por edad:


El desempleo se está cebando principalmente con los jóvenes, especialmente con los menos preparados. Dentro de ellos, destaca la raza negra.

En USA, con un 8,5% de desempleo de media entre las personas mayores de 25 años, donde se encontrarán la mayoría de los hipotecados, han explotado las subprime; las Alt-A están petando... Si comparamos la relación nivel de renta/precio de los pisos...

En España, con más desempleo y unas hipotecas pantagruélicas nos mantenemos como unos campeones; semos los mejores.

Hay datos para comentar hasta pasado mañana. Solo que es tarde. :D

lunes, 21 de septiembre de 2009

CARPATOS - ECONOMÍA ARTIFICIAL O CÓMO APRENDÍ A EMPEZAR A PREOCUPARME Y ODIAR LA BOMBA MONETARIA.

Por FERNANDO SUÁREZ



ECONOMÍA ARTIFICIAL O CÓMO APRENDÍ A EMPEZAR A PREOCUPARME Y ODIAR LA BOMBA MONETARIA. CUENTOS DE BANQUEROS CENTRALES: MENTIRAS ARRIESGADAS


Petróleo a 100 $/barril; oro a 840 $/onza; huevos, pan, leche y alimentos básicos a precios prohibitivos; vivienda inasequible... y bolsas en máximos históricos...

¿Qué está ocurriendo en la economía mundial que no nos están contando... y qué va a ser de nos...?

Desde que la emisión de moneda por los bancos centrales está desligada del oro, situación oficializada por Richard Nixon en 1971, la creación de dinero tiene barra libre...

Imprimir billetes y monedas es cuestión discrecional, y supuestamente racional, de los bancos centrales, esas Instituciones de discurso ininteligible y siesas maneras... quienes, al parecer, más saben de economía y finanzas, al frente del chiringuito encargado de imprimir papel moneda y fijar su precio a corto plazo, de velar por la estabilidad de nuestro poder adquisitivo, de que los precios de nuestra cesta de la compra estén bajo control...

En un contexto globalizado como el actual, las decisiones de política monetaria (cantidad y precio del dinero, objetivos de inflación) no pueden ni deben ser unilaterales, que para eso tenemos al G8, Dueño y Señor de la Escena Económica Mundial, por delegación de las multinacionales...

A finales de la década de los 90 del siglo pasado, la expansión económica y de crédito desencadenó una gran burbuja financiera cuyo mayor exponente fue la burbuja bursátil de las acciones tecnológicas, las puntocom... cuando esta burbuja pinchó en 2000, el dinero que huía despavorido de todo aquello que oliese a bolsa buscó refugio donde pudo: bonos, inmuebles, arte, oro...

Los atentados del 11S y la amenaza de una recesión global de larga duración para purgar excesos empezaron a minar empleo, salarios, precios, confianza... demasiado parecido con la situación económica japonesa desde principios de los 90: caídas generalizadas de precios (deflación, lo contrario de la inflación); despidos masivos; cierre y quiebra de empresas y entidades financieras; pérdida de capacidad de consumo e inversión...

Así que, para evitar que la purga pusiese en solfa los planes de quienes rigen los designios de los seis mil millones largos de rellenamundos (nosotros, los ciudadanos de a pie), nuestros líderes mundiales, siempre tan paternales y solícitos ante nuestras necesidades, decidieron parar en seco los necesarios ajustes de los excesivos disparates cometidos contra la salud económica mundial... buenos y responsables que son estos muchachos calienta-sillones-besa-bebés...

A diferencia de un mundo inflacionista, donde todo sube de precio, los gobiernos recaudan más impuestos (% sobre salarios, que suelen estar revisados por el IPC) y los deudores deben "menos" cuanto más suba el coste de la vida; el mundo deflacionista implica caídas de precios, salarios, recaudación de impuestos y quienes prestan dinero se ven beneficiados al cobrar deudas que valen cada vez "más" cuanto más tiempo pase...

¡Intolerable!, exclamaron nuestros Patriarcas Mundiales... Y empezaron a conferenciar...

“Cierto y verdad que los ajustes son necesarios para sanear los excesos: nada puede subir eternamente de precio sin erosionar la capacidad adquisitiva de los salarios, distorsionar las decisiones de ahorro e inversión ni minar la competitividad de bienes, servicios, empresas, economías...

Pero los calendarios electorales mandan, la conflictividad social y laboral es un factor a controlar férreamente, los planes de redefinición de equilibrios geoestratégicos y energéticos ya están en marcha y para nosotros, los políticos, quienes aspiramos a vivir de la cosa pública, no hay nada peor que se nos tuerzan las cosas del dinero y la economía... las corruptelas y teje-manejes se perdonan y olvidan, pero con el puchero y el techo no se juega...”

Dicho y hecho... tras algunas sugerencias externas por parte del Imperio (léase Yanquilandia), Japón se erigió en estandarte salvador e inició la mayor impresión de moneda en tiempos de paz de toda la Historia: 35 billones de yenes (con "b" de "burrada"), 2.500 dólares por ciudadano japonés, 50 dólares por habitante del planeta, 1% del PIB mundial... como si fuesen billetes del Monopoly, el dinero japonés se creó de la nada... nada respaldaba su emisión... sólo la confianza en que los nuevos billetes recién impresos valían lo mismo que los que ya circulaban y compraban las mismas cosas...

Claro que esta impresión masiva, que duró 15 meses (principios de 2003, primer trimestre de 2004), no fue portada de telediarios ni apareció en los mass media... ventajas del ocultismo financiero... ojos que no ven, dinero de nuevo cuño...

Con los yenes recién salidos de la imprenta, aún calientes, comenzó una vuelta al tablero del Monopoly mundial donde cada jugador cambiaba estampitas... primero se cambió el dinero por deuda pública japonesa y, jugando un poco, se acabó por comprar deuda pública norteamericana, que rentaba más... de esa forma, Japón financiaba el 80% del déficit público norteamericano surgido de los sucesivos recortes de impuestos de la Administración Bush a principios de este siglo...

De arte... los japos prestan el dinero para que los yanquis puedan consumir y endeudarse más gracias a la bajada general de impuestos... al recaudar menos impuestos, la Administración Bush pasa a números rojos, pero financia el déficit emitiendo deuda pública que compran los japoneses con los yenes que acaban de salir de la imprenta...

El consumo norteamericano, que supone las 3/4 partes de su economía, estimuló a las economías que les venden sus productos y servicios: desde el petróleo hasta automóviles, pasando por bienes de equipo, tecnológicos, ropa, calzado... la mini-recesión se salva in extremis cuando la locomotora yanqui vuelve a importar masivamente bienes y servicios europeos, japoneses, indios, chinos...

Estas economías de orientación exportadora (viven de vender fuera lo que producen) también se recuperan y, a su vez, importan bienes y servicios de otros países... ¿no es un cuento idílico...?

Pero (siempre hay alguno ¿verdad?) las importaciones de EE.UU se pagan con dólares... ingentes cantidades de dólares que reciben los exportadores y que venden a sus respectivos bancos centrales a cambio de la moneda local (lógico, hay que pagar salarios, materias primas, etc)... pero esos cambios de moneda implican, por definición, apreciación de la moneda local frente al dólar, lo que encarecería comparativamente las exportaciones futuras haciéndolas menos competitivas...

¿Solución...? Los bancos centrales que reciben los dólares de las exportaciones a Yanquilandia, para evitar que sus monedas locales suban (se aprecien), emiten masivamente moneda local y mantienen estable su tipo de cambio respecto del dólar... soberbio... todo el mundo se lanza a imprimir billetes, papeles sin valor que se intercambian y aceptan como si fuera el oro de Moctezuma... pero sin oro...

China, Japón, Rusia, India son ejemplos de impresiones masivas de dinero mediante el proceso descrito... El Banco Central Europeo, en cambio, decidió imprimir menos y dejar más apreciar el euro respecto al dólar, por aquello de pagar más barata la factura energética y mantener la fortaleza cambiaria heredada del marco alemán...

Y todo el mundo feliz... ¿Todo...? No...

Tres aspectos deben tenerse en cuenta:

1º) Emitir masivamente moneda crea inflación y los salarios pierden poder adquisitivo...

Para evitar que los salarios se adapten a la inflación (a través de la negociación salarial colectiva, por ejemplo), se "cocinan" estadísticas de inflación (léase IPC) "convenientes" o se juega con los impuestos... lo que valía 100 pts en diciembre de 2001, valía 1 euro en enero de 2002... y esa inflación es la que realmente se percibe por el ciudadano de a pie, por quien hace la compra o se toma un café en un bar (que no sea el del Congreso, claro)... aunque nos vendan un IPC del 2 ó el 3%...

Cuando ya no se puede "cocinar" más, se pasa al Plan B: el Bienestar ilusorio o la "ilusión monetaria":

Si mañana me doblo mi renta disponible (sueldo, por ejemplo), podré comprar/gastar/invertir el doble que hoy... pero si tod@s nos doblamos el sueldo mañana, los precios doblarán también (+ ó -), porque es imposible que de hoy a mañana se puedan fabricar y poner a la venta el doble de bienes y servicios, por lo que el ajuste entre demanda y oferta se realiza, como siempre, vía precios...

El problema surge cuando los precios realmente suben sin que suba la renta disponible ordinaria (salarios, el efecto riqueza o Pigou de las especulaciones/inversiones no me vale)... para llenar el carrito de la compra con el mismo sueldo (mileurista, con suerte) cuando todo vale más y el kilo de pimientos o calabacines cuesta 3 euros, se pide fiado...

Efectivamente, ante la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, en España al mismo nivel que hace 10 años, nuestros Amos y Señores Financieros nos facilitan crédito: nos invitan a endeudarnos a tipos de interés muy bajos (incluso la mitad que la inflación que nos cuentan) para poder seguir llenando el carrito de la compra... y en un alarde de inusitada generosidad promocional (2x1), nos venden de paso un pisito que pagaremos cómodamente en 30 años y que, además, como se revaloriza ad infinitum, nos permite pedir prestadas cantidades adicionales para gastar y consumir en otros menesteres, desde unas vacaciones a un nuevo coche...

Los Bancos Centrales y los Gobiernos nos pusieron una cama... el dinero que buscaba refugio y lo encontró en el ladrillo nos la hizo... y nosotros mismos nos metimos en ella y nos tapamos con las colchas y edredones de deudas que nos "regalaban" por ser tan maj@s y complacientes...

Y que cada cual termine el cuento como prefiera...

Hemos suplido la falta de renta disponible con deudas, hipotecarias y/o personales, en la confianza de que todo sube siempre menos la roncha que vamos dejando atrás... Hemos sucumbido al frenesí consumista de vivir por encima de nuestras posibilidades gracias a las deudas, a deber y a que nos deban, seguros de que este sistema no puede quebrar y olvidando que nada es eterno y que la seguridad futura escapa a nuestro control y viene prestada y malvendida por quienes rigen nuestros designios... entre todos la matamos y ella sola morirá...

2º) Las ingentes cantidades de dólares que fluyen desde EE.UU a los países exportadores tienen que "reciclarse" en activos denominados en dólares, desde acciones e inmuebles a bonos y sus derivados...

Las masivas compras de deuda pública norteamericana por parte, fundamentalmente, de China, India, Japón y países exportadores de petróleo han permitido que las rentabilidades de esa deuda fuese anormalmente baja durante años...

Precios de bonos y rentabilidad van en sentido inverso: cuanto más suba de precio un bono, menor será su rentabilidad, y viceversa... ante la creciente demanda de bonos norteamericanos de largo plazo para reciclar los dólares de los exportadores, sus precios estuvieron subiendo y subiendo... y bajando, por tanto, sus rentabilidades... Hay más dólares que deuda se emite, por lo que hay que comprar deuda ya emitida, al precio que sea...

La paradoja (la aberración, diría yo) es que los tipos de interés a largo plazo tan bajos(rentabilidad de los bonos) han sido aprovechados por los consumidores norteamericanos para seguir devorando bienes y servicios, refinanciándose, rehipotecándose. Cabe recordar que los tipos de referencia hipotecaria más usados en EE.UU son las rentabilidades de la deuda pública (bonos) a 10 y 30 años...

Más consumo, más dólares que reciben los exportadores, más compras de bonos, más subidas de precios de los bonos, menos tipos de interés... a mayor consumo y más endeudamiento, menores tipos de interés a largo plazo (rentabilidad de los bonos, reitero)... ¿hasta cuándo...?

Sólo es cuestión de tiempo que EE.UU deje de ser considerado un país solvente... es más, sólo es cuestión de tiempo que EE.UU deje de ser solvente...

O se reduce el consumo o aumenta el ahorro... y en el caso yanqui, lo primero es antes...

Por otro lado, un descenso en el consumo norteamericano arrastrará a las economías de orientación exportadora, que dejarán de venderles bienes y servicios y, por tanto, de recibir dólares... lo cual hará subir las rentabilidades de los bonos y producirán ventas masivas, como las vividas hace unos meses...

3º) Los tipos de cambio entre divisas reflejan la Paridad del Poder de Compra (PPC) de bienes y servicios denominados en una moneda en términos de otra, los diferenciales de inflación y de tipos de interés entre ambas y las preferencias de inversión del capital móvil, en base a los retornos esperados de las alternativas de inversión y a la varianza de éstos (máximo retorno esperado con menor varianza)...

Por lo tanto, siempre que los activos domésticos y externos sean sustitutos imperfectos en los portafolios de los inversores, un cambio en su oferta relativa requerirá un cambio en los retornos esperados, que se producirían a través de ajustes del tipo de cambio y/o de las tasas de interés internas.

Puesto que los bonos domésticos y extranjeros no son perfectamente sustitutivos, el tipo de cambio es determinado en el proceso de equilibrio de la oferta y la demanda total de los valores financieros en cada país (dentro de los cuales se encuentra el dinero). El tipo de cambio es considerado como el determinante principal de la cuenta corriente de la balanza de pagos. Así, un excedente (déficit) en la cuenta corriente representa un alza (baja) en la manutención doméstica neta de activos foráneos, lo cual a su vez afecta el nivel de riqueza, que a su vez afecta el nivel de la demanda de activos, quien afecta a su vez al tipo de cambio. Por lo tanto, el tipo de cambio incorpora en sus términos de referencia al mercado de valores, la balanza por cuenta corriente, el nivel de precios, y la tasa de acumulación de activos.

Dicho esto, la depreciación del dólar frente al resto de divisas de referencia refleja los twin deficits (déficit por cuenta corriente y fiscal), el diferencial de inflación (inflación real, no la que venden las estadísticas), el apetito inversor por activos denominados en dólares y, además, el diferencial de riesgo como moneda de reserva...

La relación directa entre la revalorización del oro y la depreciación del Dollar Index (devaluación encubierta del dólar) es innegable: mientras el dólar pierde valor en términos de oro y de otras divisas, las deudas contraídas por EE.UU se reducen en términos reales; es decir, se debe el mismo importe en dólares, pero dichos dólares valen menos en términos de otras divisas y ajustados al nivel de inflación norteamericana...

La devaluación encubierta del dólar permite a EE.UU seguir endeudándose por encima del 500% de su PIB, mantener su frenético nivel de gasto y consumo financiado por el resto del mundo y, paradójicamente, defender al dólar como moneda de reserva internacional, debido a la enfermiza relación de dependencia entre la demanda norteamericana de bienes y servicios extranjeros y la sumisión exportadora de éstos... al fin y al cabo, oro, petróleo y soft commodities cotizan en dólares...

Efectivamente, en un mundo artificialmente reflacionado, donde todo sube de precio menos los salarios, los ingresos por exportación recibidos en dólares que cada vez valen menos se reducen en términos reales, por lo que sólo queda la alternativa de subir precios nominales: petróleo a 100 $/barril, oro a 840 $/onza...

¿Especulación...? Sin duda... todos los días se negocian contratos por más del doble del petróleo producido diariamente en el mundo (unos 85 millones de barriles de crudo), al fragor de un bull hot market estimulado por impresiones masivas de dinero que llega a los mercados financieros en trailers...

Ya lo dijo Ben “Helicopter” Bernanke, quien ganó su apelativo en su famoso discurso “Deflation: Making Sure It’Doesn't Happen Here”, realizado el 21 de Noviembre de 2002, ante el National Economists Club en Washington (http://www.federalreserve.gov/boardD.../default.htm):

“Like gold, U.S. dollars have value only to the extent that they are strictly limited in supply. But the U.S. government has a technology, called a printing press (or, today, its electronic equivalent), that allows it to produce as many U.S. dollars as it wishes at essentially no cost. By increasing the number of U.S. dollars in circulation, or even by credibly threatening to do so, the U.S. government can also reduce the value of a dollar in terms of goods and services, which is equivalent to raising the prices in dollars of those goods and services. We conclude that, under a paper-money system, a determined government can always generate higher spending and hence positive inflation.”

“Como el oro, los dólares tienen valor sólo en el supuesto de su oferta estrictamente limitada. Pero el Gobierno norteamericano tiene una tecnología, llamada imprenta (o su equivalente electrónica), que permite producir tantos dólares como se deseen sin coste alguno. Incrementando la cantidad de dólares en circulación, o incluso amenazando creíblemente con hacerlo, el Gobierno norteamericano puede reducir el valor del dólar en términos de bienes y servicios, lo que equivale a elevar los precios en dólares en bienes y servicios. Concluimos que, bajo un sistema monetario fiduciario, un determinado gobierno puede siempre generar mayor gasto y, por tanto, inflación positiva”

Y se queda tan pancho...

Luego, añade:

“Of course, in lieu of tax cuts or increases in transfers the government could increase spending on current goods and services or even acquire existing real or financial assets. If the Treasury issued debt to purchase private assets and the Fed then purchased an equal amount of Treasury debt with newly created money, the whole operation would be the economic equivalent of direct open-market operations in private assets. “

“Por supuesto, en lugar de recortes impositivos o aumentos de transferencias, el gobierno podría incrementar el gasto en bienes y servicios o incluso adquirir activos reales o financieros. Si el Tesoro emite deuda para comprar activos privados y la Fed compra por el mismo importe la deuda emitida por el Tesoro con dinero recién creado, la operación completa equivaldría a una operación de mercado abierto en activos privados”

Es decir, la Fed de Bernanke está dispuesta a seguir lanzando dinero desde helicópteros, inyectando liquidez ad infinitum, financiando así los ajustes en precios de activos (reales y financieros) denominados en dólares, empobreciendo a los norteamericanos con la pérdida brutal de poder adquisitivo del dólar a cambio de sostener su insano consumismo financiado con deudas, deudas que cada vez valen menos en términos de otras divisas...

¿De verdad piensan Bernanke & Co que éste es un proceso eterno, sin fin...? Sin final feliz, me temo...

Cuando el resto de economías huyan despavoridas del área dólar (bolsas, bonos, etc) y los precios de los activos reales y financieros se ajusten brutalmente a la baja, la Fed intentará monetizar la deuda norteamericana que ya nadie querrá: comprará su propia deuda emitida con dinero recién impreso, lo que precipitará el colapso final del dólar y de la economía de EE.UU (y alguna más)...

Crash & Crisis are knocking the door...

No es un proceso de hoy para mañana... y los ajustes, duros y brutales, podrán durar años... hasta que volvamos a un sistema de justiprecios, donde las cosas vuelvan a valer lo que realmente cuestan...

Mientras tanto, bienvenidos a la Economía Artificial donde pierden muchos y ganan unos pocos... como siempre... mantengan abrochados sus cinturones, el aterrizaje va ser de emergencia...

viernes, 7 de agosto de 2009

Se equivocó la Agencia Internacional de la Energía - Alfredo Jalife-Rahme

Antecedentes:

Hay que tomar con pinzas los hallazgos de la Agencia Internacional de Energía (AIE): creación del etnocida global Henry Kissinger para enfrentar tanto la crisis del petróleo de los 70 como a la OPEP y que conforma el Club de los Ricos (sic) de la OCDE, menos dos (Islandia y, obviamente, el masoquista México neoliberal), donde se congregan los principales consumidores del planeta.

Han pasado 35 años desde su fundación y los viejos ricos no lo son más (básicamente el G-7) debido al tsunami financiero global cuando se ha asentado la teoría correcta sobre el pico de petróleo (de la que Bajo la Lupa fue pionera a contracorriente, desde 1998, frente a la postura entreguista del cordobismo-zedillismo y sus engendros foxiano y calderonista).

Hoy las trasnacionales anglosajonas, el alma mater de la AIE a la que frecuentemente alimentan con su deliberada desinformación, han perdido el control del mercado ante el despliegue más creativo del BRIC (ver Bajo la Lupa, 2.8.09), como consecuencia del incipiente nuevo orden multipolar.

Hechos:

Con más de una década de retraso, la AIE acepta haberse equivocado y adopta la teoría del pico del petróleo. Dudamos que se haya equivocado, sino más bien ocultó la información fehaciente para beneficiar a los países ricos importadores, eminentemente su núcleo anglosajón.

Se desprende nuestro axioma de que la desinformación también mata, ya que puede servir para encubrir los peores designios de invasiones bélicas (v.gr. Irak y Afganistán).

¿Representa la AIE el brazo estadístico en materia energética de la OTAN?

Con el estigma de su pasado siniestro, ahora la AIE se compunge del pico del petróleo que acabó por alcanzarla, por lo que advierte alarmantemente que su abastecimiento se agota de forma rápida y que su reducción catastrófica (¡supersic!) amenaza la recuperación (sic) económica (Steve Connor, The Independent, 3.8.09).

Dejemos a Steve Connor definir el pico del petróleo: el punto de máxima velocidad al extraer petróleo que alcanza un pico debido a limitaciones técnicas y geológicas, cuando comienza la declinación de la producción global.

Kate Mackenzie de The Financial Times (3.8.09), portavoz de la globalización y de las trasnacionales petroleras anglosajonas, ulula en forma calamitosa que la economía global se encuentra en riesgo por el alza del petróleo; no, desde luego, por los manejos criminales de la parasitaria banca de Londres y Wall Street. Mackenzie se basa en forma sinergética en los hallazgos de Fatih Birol, economista en jefe de la AIE: un precio mayor a 70 dólares dañaría la recuperación económica.

¿Van a perder su descabellada apuesta especulativa de derivados financieros (con el dinero de los contribuyentes mexicanos, claro) tanto Carstens como Tomás Lajous Loaeza, hijo del entreguista ex director de Pemex, Adrián Lajous (Calderón y Carstens contribuyen al desplome del petróleo, Bajo la Lupa, 23.11.08)?

Francisco Blanch, estratega en materias primas de Bank of America, considera tolerable un rango entre 70 y 80 dólares, ya que una banda entre 90 y 100 afectaría incluso a China.

La AIE esquiva que gran parte del alza paroxística del petróleo se debió a la orgía especulativa con los derivados financieros del petróleo que empujó el precio a casi 150 dólares, como han informado a destiempo las reguladoras de Estados Unidos (EU) y Gran Bretaña (GB).

A juicio de Birol, los esfuerzo para reducir la especulación de futuros del petróleo constituye “un buen paso, pero no reducirá en forma significativa (sic) los precios cuando la demanda china será más determinante.
Según Birol, el verdadero problema proviene de la baja en inversiones para la producción de petróleo que explaya más extensamente en su entrevista a The Independent: el mundo se encamina a una sequía (¡supersic!) catastrófica (sic) de energía, que pudiera descarrilar la economía global, debido a que la mayoría de los campos petroleros en el mundo han rebasado su producción pico. Esta tesis no es novedosa y ya había sido externada hace mucho por Christophe De Margerie, director de la petrolera francesa Total.

Birol confiesa que la AIE se equivocó (sic) con una década de atraso sobre el pico del petróleo. ¿Cómo puede ser que se equivoquen tanto los expertos de 28 países consumidores, que concentran a los óptimos científicos del planeta, frente a Bajo la Lupa, que escribe en la soledad un despierto aficionado del petróleo (libro agotado: El lado oscuro de la globalización, editorial Cadmo & Europa, 2000)?

El reporte de la AIE es dramático: la primera evaluación detallada (sic) de más de 800 campos petroleros en el mundo, que cubre las tres cuartas partes de las reservas globales, ha alcanzado su pico en la mayoría de los principales campos y la velocidad de declinación en la producción es ahora casi el doble (¡supersic!) del ritmo calculado hace dos años.

Lo que oculta Birol es que EU y GB se beneficiaron con un precio exageradamente bajo del crudo durante casi dos siglos (historial que analizamos en nuestro libro también agotado Los cinco precios del petróleo, editorial Cadmo & Europa, Buenos Aires, 2006).

Por encima de todo, Birol juzga que existe un problema de subinversión crónica en los países productores, una característica que puede resultar en una sequía (¡supersic!) de petróleo en los próximos cinco (sic) años, que pondrá en peligro cualquier esperanza de recuperación de la presente recesión económica global.

Ahora la dupla anglosajona encontró el chivo expiatorio idóneo para explicar la recesión de doble hundimiento(double-dip recession) que se avecina: leve recuperación a finales de este año seguida por una recesión más profunda a finales de 2010 o a inicios de 2011, según Nouriel Roubini, muy cercano a la Reserva Federal y al banco central de Israel (Bloomberg, 3.8.09).

Birol admite que en caso de existir una recuperación en pocos años (sic), ésta será lenta y frágil con el riesgo de que sea estrangulada (sic) por los altos precios del petróleo.

Que pierdan EU y GB no significa que se acabe el mundo y que no ganen otros como Rusia, Irán, las petromonarquías árabes y Venezuela (si EU no la invade antes) que todavía no pertenecen al hoy harapiento Club de los Ricos del binomio OCDE/AIE: conforme la crisis (nota: la energética) empiece su captura después de 2010 (sic), aumentará rápidamente el poder del mercado de los muy pocos (sic) países productores de petróleo que poseen sustanciales (¡supersic!) reservas, principalmente en el Medio Oriente.

Birol aconseja puerilmente dejar el petróleo antes de que nos abandone. Pero, ¿cómo se podría realizar en el corto plazo el brusco giro a la recomendable energía alternativa cuando el sistema económico, financiero y social de la dupla anglosajona se fundamentó en un precio barato, para no decir subsidiado, de los países productores ingenuos e ineptos como el masoquista México neoliberal?

La Jornada: Bajo la Lupa

martes, 7 de julio de 2009

Mirando hacia Letonia. La Argentina del S.XXI

Entrar a formar parte de un nuevo club; cambio fijo, moneda nueva, paridad, ...
Dinero a mansalva; engorde que no crecimiento.
Pinchazo del PIB (-18,6% anual). Deudas impagables. El Estado con dificultades para colocar sus emisiones de deuda.
Los acreedores exigiendo el mantenimiento de la paridad; adelgazamiento del sector público (susidios, prestaciones...) y aumento de la presión fiscal.
Letonia no tiene 45 millones de habitantes y está causando más de un dolor de cabeza a los acreedores.


Letonia se suicida a la argentina | Diario La Prensa

Letonia se suicida a la argentina
28.06.2009 | El país báltico, engrillado por un tipo de cambio fijo, es el que más sufre la crisis global.
Por Guillermo Belcore

Hace siete años, quien esto escribe tuvo oportunidad de conocer el corazón de la Unión Europea, es decir la ciudad de Bruselas.

La Argentina estaba en plena convulsión económica. Nueve de cada diez funcionarios de la UE que entrevistamos sostenían que la causa primordial de nuestra debacle era la obcecada paridad entre el peso y el dólar. Se juzgaba la convertibilidad como una lenta y dolorosa agonía. Puede que tuviesen razón o puede que no. Lo cierto es que Europa occidental aconseja hoy a un diminuto país báltico que, a un paso de la bancarrota, resista con dientes apretados la tentación de abandonar una rígida paridad cambiaria que le ha traído una burbuja de prosperidad y ahora una derrumbe sin precedentes en épocas de paz. Letonia es, por así decirlo, la Argentina del siglo XXI.

AUGE Y CAIDA

Letonia ocupa el extremo este de la llanura septentrional europea. Sus gentes, a lo largo de la historia, han sido súbditos desdichados de polacos, alemanes, suecos y rusos. En Riga, la capital, nacieron Serguei Eisenstein, Mijail Baryshnikov e Isaiah Berlin. Cuando colapsó la Unión Soviética, el país obtuvo la anhelada independencia.

La reconstrucción estuvo plagada de obstáculos. El treinta por ciento de sus 2,3 millones de habitantes son rusófonos. Inspirados en Ronald Reagan y Margaret Thatcher, sus líderes aplicaron una variante pura y dura de una filosofía que hoy no cosecha más que maldiciones y anatemas en medio planeta. Impuestos bajos pues no había un estado de bienestar que sostener (un flat tax que cayó del 33 al 24%), apertura comercial y financiera, desregulación a conciencia, todo el recetario del neoliberalismo. Entró a raudales la inversión extranjera y anidaron a sus anchas los capitales golondrina.

El Cato Institute ubicó al país en el selecto equipo del big bang de la liberalización económica, junto a Polonia, la República Checa y los otros dos países bálticos. En 2004, Letonia ingresó a la Unión Europea y a la OTAN. Fue la cereza en el postre. Todos felices en Riga y en Bruselas. El oso ruso observaba ceñudo.

PARANGONES

La pieza maestra del modelo letón fue un tipo de cambio fijo: en este caso se amarró al euro la moneda local. Por eso se trazan parangones con la Argentina. Se calcula que el lat acumula hoy una sobrevaluación de entre el 30 y el 50 por ciento. Lo que en su momento fue un ancla de estabilidad, cuando viró el ciclo económico se convirtió en un pesado lastre.

Así la descomunal fuga de capitales que generó la crisis de las hipotecas basura ha lastomado a Letonia más que a cualquier otro país en el mundo. Reventaron varias burbujas en Riga. El precio de la vivienda cayó un 50% desde el año pasado. En el primer trimestre de 2009, el PBI letón se desplomó un 18,6% anual. Para el total del año, las previsiones más pesimistas cifran en un 30% el desplome de la economía. Es decir, un tercio de la riqueza nacional se habrá evaporado. Fitch calcula que los vencimientos de deuda externa para el corriente año equivalen al 320% de sus reservas de divisas.

Como en la Argentina delarruista, la nación báltica se hunde en una devastadora espiral deflacionaria. Las consecuencias para el hombre de la calle son dramáticas. El salario promedio fue recortado de 700 dólares a 480, apenas por encima de la línea de subsistencia. El Gobierno ha serruchado 20% los sueldos de los empleados públicos y 10% las jubilaciones. También echó a un tercio de los maestros. ¿Son idiotas?, se preguntaría cualquier observador sensato. ¿En plena recesión quitan poder de compra a los consumidores? No, al igual que José Luis Machinea en agosto de 2000 o Domingo Cavallo con la consigna flamígera del déficit cero, las autoridades letonas tratan de satisfacer las condiciones obscenas que les impone la comunidad internacional para organizar un salvataje.

El Fondo Monetario Internacional, que supuestamente había adquirido con Dominique Strauss-Kahn una suerte de rostro humano, exige a Letonia más austeridad fiscal. Retorcer el presupuesto hasta que aúlle de dolor. Es que el déficit público alcanzaría este año el 11,6%, el doble de lo pactado con el FMI. No muy lejano, por cierto, del desequilibrio fiscal de Estados Unidos, que tiene la fortuna de contar con la máquina que emite dólares y con las mayores fuerzas armadas del planeta.

Lo patético del caso es que Letonia se niega a devaluar y a declarar una moratoria de la deuda externa. Justamente, lo que se vio forzada a hacer la Argentina en su momento.

¿Por qué aceptan crucificarse en el altar del lat?, se preguntan los diarios europeos. Por las mismas dos razones por las cuales la Argentina se empeñó en morir con las botas puestas, abriéndole la puerta al populismo del siglo XXI. Por un lado, buena parte de las hipotecas y los contratos están nominados en euros o en francos suizos y para la clase media letona -la más beneficiada por el modelo- una maxidevaluación sería devastadora. En segundo término, porque así lo ordenan desde el extranjero.

Anders Borg, el ministro de Finanzas sueco, advirtió en la reciente cumbre de la UE en Luxemburgo que "la comunidad internacional estaría complacida con una mayor responsabilidad fiscal por parte de Riga... ahora necesitamos una fuerte credibilidad".

Históricamente, Suecia ha sido una potencia dominante en el Báltico. Conservó la colonia de Livonia (en la actual Letonia y Lituania) hasta comienzos del siglo XVIII cuando Pedro el Grande barrió a las huestes de Carlos XII en la decisiva batalla de Poltava. Tomó la posta el imperialismo ruso hasta la declaración de la independencia de fines del siglo pasado, cuando los capitales occidentales recobraron su influencia en Riga.

El novelista Stieg Larsson denuncia en una novela reciente que es en los países bálticos donde los súbitos suecos aficionados a las prostitutas obtienen su carne fresca (1). Pero en el tema que nos concierne, la clave es que los bancos suecos se encuentran entre los más expuestos ante una devaluación y cesación de pagos en Letonia.

Por otro lado, la Unión Europea y el FMI -reforzado en su papel de Sumo Sacerdote por el Grupo de los 20- temen que se produzca un efecto dominó en el este, donde la situación financiera es delicadísima. Es decir, el colapso letón podría extenderse a Lituana, Estonia, Ucrania y Hungría, por lo menos, lo que sería una catástrofe para las maltrechas entidades financieras de Occidente (su exposición en la región asciende a ¡1,6 billón de dólares!). Los memoriosos recordarán que argumentos similares se esgrimían ocho años atrás. La caída de la convertibilidad argentina tumbaría a Brasil, Uruguay, Chile y quién sabe a que otro país.

¿EXCEPCIONALES?

Ambrose-Evans Pritchard acaba de escribir en el Daily Telegraph que, contrariamente a la sabiduría convencional, la Argentina de los noventa no fue un caso excepcional. Nuestros desequilibrios no eran peores que los actuales de los países bálticos, los balcánicos, España o Grecia. Y puede decirse que incluso eran menores. Con la devaluación -aunque ejecutada a lo bruto por el duhaldismo- el peso recuperó su punto de equilibrio y el país volvió a la senda del crecimiento. Todo indica que Letonia debería hacer lo mismo y no sacrificar a su gente por los consejos que esbirros de Lucifer susurran en la oreja de los gobernantes: "Devalúa y declara el default, y perderás tu alma". Son los mismos que se frotaban las manos cuando la burbuja letona se hinchaba sin control. En Buenos Aires o en Riga, es el hombre de la calle quien paga siempre los platos rotos.

1) La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina. Editorial Destino.